Yo también hubiera matado a Cristo

vía crucis en quince estaciones

(y una reflexión final)

Texto: Heini Villela Schneebeli

PRIMERA ESTACIÓN

Israel/Palestina, siglo primero

Palestina se integra en cuatro regiones: Galilea, Samaria, Judea y Perea. El Imperio Romano ejerce pleno dominio militar y político sobre el territorio. El Procurador imperial ejerce el poder militar y tiene a su cargo la recaudación fiscal. Existe un soberano, pero solo se le asignan asuntos de poca importancia en conflictos religiosos o particulares entre judíos.

Guatemala, siglo veintiuno

Guatemala se divide en cinco regiones claramente diferenciadas: Altiplano, Costa Sur, Oriente, Norte y Centro metropolitano. Estados Unidos de América ejerce pleno domino militar y político sobre el país. El embajador de los EE.UU. determina las acciones que debe ejercer el gobierno guatemalteco que tengan relación con los intereses de su país. Existe un presidente electo que dirige el gobierno en asuntos particulares. Las políticas de Estado son dictaminadas por Norteamérica o la Unión Europea.

SEGUNDA ESTACIÓN

Israel/Palestina, siglo primero

Los Saduceos son la clase dirigente, compuesta por las familias de los sacerdotes más importantes, los acaudalados comerciantes y los terratenientes más prósperos del campo. Son una clase aparte, escasos en número y fuertemente organizados. Tienen una poderosa influencia en la política y la justicia. Los romanos les han cedido el monopolio del cobro de impuestos. Son fundamentalistas y se ciñen estrictamente a la Ley de Moisés. Los sacerdotes, únicos autorizados para interpretar la Ley, no quieren que los fariseos laicos puedan hacerlo. En política favorecen un nacional-judaísmo y procuran llevarse bien con los romanos. Se les señala de practicar un divorcio entre fe y vida: detrás de su discurso religioso conservador mostraban una licenciosa relajación de costumbres.

Guatemala, siglo veintiuno

Las grandes corporaciones imperan en el país, cuya clase dirigente está compuesta por sectores conservadores: las familias descendientes de los conquistadores españoles, algunos inmigrantes propietarios de grandes fincas y cierta industria. Son una clase aparte (tal vez el uno por ciento de la población), pero fuertemente organizada. Sus actividades se caracterizan por ser monopolios u oligopolios protegidos por aranceles y cerrados a la competencia. Exigen certeza jurídica para sus actividades, y la definición de las normas constitucionales solo puede ser desde el punto de vista de sus abogados, buena parte de los cuales son asimismo Magistrados de la Corte de Constitucionalidad. Se dicen nacionalistas pero guardan relaciones cordiales y sumisas con los EE.UU. Se les señala de no aplicar para sí mismos los principios económicos que aseguran defender y que pretenden imponerle a los demás. Mientras hablan de libre mercado, no pierden oportunidad para realizar negocios al amparo del proteccionismo del Estado, pero eso sí: cuando son otros los que reclaman protección de ese Estado, los condenan como vividores y mantenidos.

TERCERA ESTACIÓN

Israel/Palestina, siglo primero

Los fariseos son pequeños artesanos y comerciantes, además de campesinos. Aunque proceden del pueblo, prefieren que no se les confunda con éste. Son legalistas: ellos mismos han creado muchas leyes, difíciles de aprender y de cumplir. También son ritualistas: se preocupan mucho por los actos de culto y oración. Creen que cumpliendo con la ley y la oración hacen méritos suficientes para que Dios deba corresponder a esa supuesta fidelidad. “Atan bultos pesados y los cargan en las espaldas de los demás, mientras ellos no quieren empujarlos ni con un dedo” (Mateo 23, 4).

Guatemala, siglo veintiuno

La clase política está integrada por profesionales, comerciantes, agricultores, etcétera; gente toda que procede del pueblo pero que cree estar por encima de él. Son muy legalistas: cuando tienen representación en el Congreso solo promueven leyes, en su mayoría difíciles de aplicar porque no hay voluntad ni recursos para cumplirlas. También son ceremoniosos: les encanta el protocolo, entonar el himno nacional y que cuando se haga referencia a ellos sea en términos de títulos, ya sea profesionales o basados en el cargo que ocupan. Creen que el pueblo les tiene una gran deuda por el sacrificio y esfuerzo que hacen, pero exigen de él, por medio de impuestos o trámites, lo que ellos no están dispuestos a dar en transparencia y eficiencia.

CUARTA ESTACIÓN

Israel/Palestina, siglo primero

Los Escribas son los especialistas de la ley y los que imparten la justicia. En un principio fueron un grupo laico; aunque, dada las implicaciones de su trabajo, muchos de ellos son fariseos o saduceos. Con el tiempo llegan a predominar los escribas fariseos. Su saber los coloca en los puestos más importantes de la enseñanza, la administración y la justicia. Son los jueces y supervisores de la marcha de la vida diaria: tienen poder en lo judicial y en lo ejecutivo. El partido fariseo del Sanedrín estaba compuesto íntegramente por escribas y cada vez tenían más poder, entre otras cosas, porque el Sanedrín era la única corte de justicia o tribunal supremo para todos los judíos.

Guatemala, siglo veintiuno

Los abogados, jueces y magistrados son los especialistas del sistema constitucional. En un principio provenían de diversas clases sociales, pero con el tiempo provienen cada vez más de la clase política tradicional o pertenecen a las grandes corporaciones. Tienen mucho poder, ya que dictaminan la justicia y definen los procesos del Ejecutivo. Dominan el aparato judicial y rigen con legalismos el aparato legislativo –y, por ende, también el ejecutivo.

QUINTA ESTACIÓN

Israel/Palestina, siglo primero

Aparte de los saduceos, los fariseos y los escribas, la población de Israel estaba integrada por la clase pobre, con la excepción de algunos artesanos y comerciantes que, sin ser ricos, superaban parcialmente la pobreza. Ellos eran guiados por sus élites y no tenían participación alguna en la toma de decisiones. A veces provocaban revueltas, pero nada que pusiera en riesgo el status quo.

Guatemala, siglo veintiuno

Aparte de las grandes corporaciones, la clase política y los abogados, jueces y magistrados, la población guatemalteca está integrada por una reducida clase media y un amplio estrato popular empobrecido. Todos ellos son guiados por sus élites y no tienen mayor participación en la toma de decisiones. A veces manifiestan o protestan (a veces como campesinos, a veces como camisas blancas, entre otros ejemplos), pero nada de ello pone en riesgo el status quo del sistema.

SEXTA ESTACIÓN

Belén, año cero

Nace, en un pesebre y entre mulas y bueyes, un niño llamado Jesús. Su padre (o quien dice serlo) es un carpintero y su madre se encarga de las tardea del hogar. Al poco tiempo de nacer la familia debe mudarse a Egipto, ya que existe una persecución en contra de todo niño menor de dos años.

San Martín Jilotepeque, año 1979

Nace, en una covacha de lámina y cartón y rodeado de cerdos y gallinas, un niño llamado Pancracio. Su padre (o quien dice serlo) es comerciante mientras su madre cuida de la familia. Dos años después de nacer, se ven obligados a trasladarse a la cabecera de Chimaltenango, ya que la guerra civil está cobrándose demasiadas víctimas en el pueblo.

SÉPTIMA ESTACIÓN

Nazaret, año 30

Jesús es ya todo un hombre. De piel morena, cabellos oscuro y complexión delgada, se dedica –como su padre– a la carpintería. Es delgado porque pertenece a una clase pobre en la que la comida no es abundante. Su dieta es a base de pan y pescado. No obstante, las imágenes que de él se pintan posteriormente lo presentan con rasgos europeos, pero esto se debe a que los pintores son europeos que, al carecer de imágenes de Jesús, usan un modelo físico también europeo. Un día encuentra a su primo Juan, a quien la gente considera un profeta. Éste lo reconoce y lo bautiza. Juan le dice a dos de sus seguidores que acompañen a Jesús.

Escuintla, año 2009

Pancracio es ya todo un hombre. De piel morena, cabello negro y complexión rolliza, se dedica –como su padre– al comercio y tiene a su cargo una pequeña abarrotería. Es gordo porque pertenece a una clase pobre en la que la comida es alta en calorías y baja en nutrientes (sopas instantáneas, Tor-trix, aguas gaseosas, etcétera). Las fotografías que le han tomado lo muestran con fuertes rasgos indígenas. Un día encuentra a su primo Elías, quien es sacerdote. Éste lo reconoce y lo bautiza. Elías le dice a dos catequistas que acompañen a Pancracio.

OCTAVA ESTACIÓN

Galilea, del año 30 al 33

Jesús empieza a comunicar su mensaje. Se rodea por doce apóstoles, entre quienes hay pescadores, un recaudador de impuestos y quizás algún artesano, pero en general personas muy sencillas. Transmite un mensaje nuevo que viene a superar el pacto realizado con Dios y regido por los diez mandamientos de la tradición judía, sustituyéndolo por un nuevo mandamiento: “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Enseña a perdonar, pero también a pedir perdón. Enseña tolerancia y a aceptar a todos por lo que son y no por lo que aparentan. Habla de justicia para aquellos sedientos de ella. Se refiere a los pobres como aquellos olvidados por los hombres pero recordados por Dios. Cuenta de la importancia de ayudar sin esperar nada a cambio, del respeto, de no menospreciar la inocencia, de actuar más y de hablar menos. Predica la necesidad de renunciar a los bienes terrenales para ganar el Cielo, de buscar y conocer la verdad para ser libres. Pide que el ser humano sea verbo, sea acción, y esa acción es la de transformar los valores sociales, eliminando la hipocresía que hay en ellos. Quiere que el hombre cambie para hacer de sí mismo y de su conducta el verdadero templo de Dios.

Costa Sur, del año 2009 al 2012

Pancracio empieza a comunicar su mensaje. Se rodea de doce compañeros, entre quienes hay varios campesinos, un maestro de primaria, un plomero, un electricista, dos vendedores ambulantes y un médico infieri. Transmite un mensaje nuevo, que habla del perdón y del arrepentimiento. Enseña a ser tolerantes con aquellos que son diferentes, indica que todos los hombres fueron creados iguales y que el racismo es una fuerte ofensa a Dios. Dice que el agredir a otros es malo, pero que los agredidos deben perdonar. Habla de enfrentar la violencia con justicia y no con venganza. A las víctimas de la delincuencia les pide resignación en la adversidad pero luchar por los mecanismos legítimos de justicia sin engendrar más violencia. Se queja de las diferentes iglesias, que en vez de competir por el edificio más grande, deberían llevar la paz al espíritu de los hombres y mujeres. Habla de la solidaridad, y más aún, habla de que seamos iguales ante la ley, pero también de producir sin ventajas para nadie. Predica un respeto por el sistema, pero no siendo pasivos preservándolo, sino invitándonos a transformarlo. Pide acabar con los privilegios para que todos sean sujetos económicos, capaces de producir y consumir en igualdad de condiciones. Educa y enseña la realidad que vive la gente y habla de lo que podría lograrse. Que Guatemala puede ser un mejor país, pero para ello se deben transformar las élites. No hace juicios morales de ellas, pero tampoco acepta su comportamiento monopólico. No cree en la teoría del derrame sino que aboga por que todos puedan producir y consumir, independientemente de qué tan ricas sean las élites. Quiere que se construya un país mejor como homenaje a Dios.

NOVENA ESTACIÓN

Jerusalén, año 30 al 33

Los saduceos escuchan de Jesús y de su mensaje. Sienten miedo. No entienden que el mensaje de Jesús es de paz, de amor y perdón. Ellos sólo lo ven como una amenaza que pone en riesgo su poder. Si la gente sigue escuchando a Jesús y entra en razón, piensan, su estilo de vida estará en peligro no sólo porque no podrán mantener el control político, sino además porque quedaría expuesta su doble moral. Lo acusan entonces de blasfemo, de engañar a la gente y de no cumplir las leyes de Dios.

Ciudad de Guatemala, año 30 al 33

Las grandes corporaciones escuchan de Pancracio y su mensaje. Sienten miedo. No entienden que el mensaje de Pancracio es de paz, de perdón y de futuro. Ellos sólo lo ven como una amenaza que pone en riesgo el status quo. Si la gente sigue escuchando a Pancracio y entra en razón, piensan, su estilo de vida estará en peligro no sólo porque no podrán mantener la política bajo su control, sino además porque creen que perderán sus fortunas al acabar con los privilegios que tienen. Lo acusan entonces de estar en contra del progreso y de ser un cangrejo por impedir que otros salgan de la olla en la que han convertido el país.

DÉCIMA ESTACIÓN

Galilea/Judea, año 32 y 33

Los fariseos acusan a Jesús de no honrar ni obedecer a Dios al relacionarse con gente que no es digna. Lo acusan de pecador por juntarse con pecadores. No comprenden la posibilidad de que el pecador pueda redimirse porque ellos mismos son incapaces de hacerlo. Tampoco comprenden el perdón porque son incapaces de perdonar, y por ello lo acusan de blasfemar contra Dios. Temen perder su poder porque la gente, al recibir el mensaje de Jesús según el cual todos son iguales ante Dios, comprendería que nadie debería gozar de más privilegios que el resto.

Costa Sur/Ciudad de Guatemala, año 2011 y 2012

La clase política le teme a Pancracio. Quisieron negociar con él para que callara a cambio de comisiones en obras. Pancracio rechazó las ofertas. Entonces empiezan a descalificarlo. Dicen que es un oportunista que viene a acabar con la calma y la paz de los guatemaltecos. Lo acusan de terrorista por decir: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. Dicen que al predicar esas ideas sólo está logrando la división de los guatemaltecos. Publican en los diarios que Pancracio tiene intereses personales y que de seguro es financiado por la comunidad internacional. Que al hablar de perdón sólo está queriendo proteger a los delincuentes y que nunca se refiere a las víctimas. Temen perder su poder porque Pancracio bien puede organizar debidamente a la gente para que ya no se crea las mentiras de las campañas y, en cambio, empiece a plantear demandas concretas y puntuales en vez de sólo conformarse con cancioncitas.

UNDÉCIMA ESTACIÓN

Galilea/Judea, año 32 y 33

Los escribanos le temen a Jesús porque viene con un nuevo orden y en ese nuevo orden no hay espacios para interpretaciones antojadizas. La nueva ley de Jesús es simple: “Amar al prójimo como a uno mismo”. ¿Quién necesita de intérpretes para entenderlo? Al no requerirse gente que sepa interpretar la ley, ya no es necesario ocupar puestos importantes y, por lo tanto, los escribanos perderían su poder. Entonces acusan a Jesús de estar con el Demonio para obstruir el cumplimiento de las leyes de Dios que sólo ellos pueden interpretar.

Costa Sur/Ciudad de Guatemala, año 2011 y 2012

Los magistrados, jueces y abogados le temen a Pancracio porque él asegura que la justicia no funciona. Piensan que si la gente se cree eso, buscarán sustituirlos y así perderían su poder y sus ingresos. Pancracio habla de saciar la sed y el hambre de justicia exigiendo el cumplimiento de los magistrados y jueces, pero si tal cosa ocurre, éstos perderían los ingresos que algunos interesados les ofrecen a cambio manipular los casos. Pancracio dice también que las leyes, empezando por la Constitución, sólo favorece a unos pocos y oprime a la mayoría. Eso les da pie para acusar a pancracio de insurrecto y complotista.

DUODÉCIMA ESTACIÓN

Jerusalén, año 33

Jesús decide ir al templo y entra a Jerusalén montando un burro. La gente lo recibe con alegría porque ya había escuchado hablar de él. Ahí es testigo de la farsa con que actúan los saduceos, los fariseos y los escribanos. Montando en cólera, arremete contra los mercaderes que usan el templo como plaza de mercado sin ningún tipo de respeto.

Ciudad de Guatemala, año 2012

Pancracio decide ir a Ciudad de Guatemala y llega a bordo de un tuk-tuk. La gente que vive en Bárcenas y cerca de la cuesta de Villalobos sale a recibirlo porque ya había escuchado hablar de él. Ya en la ciudad es testigo de los abusos del sistema. Ve que no hay servicios en los hospitales, mientras siguen dándose las licitaciones de medicinas con sobreprecios. Observa que no hay seguridad para la gente, pese a que sí hay guardaespaldas y vehículos nuevos para los funcionarios. Verifica los altos precios de los alimentos, electricidad, combustibles, etcétera; y a la vez se da cuenta de los aranceles, la protección al tipo de cambio y la preservación de los monopolios que explican el problema. Montando en cólera, grita en los medios de comunicación todos estos abusos que impiden que las clases más pobres se incorporen a la economía de producción y de consumo, y que las clases medias puedan mejorar sus condiciones de vida a través de oportunidades concretas.

DECIMOTERCERA ESTACIÓN

Jerusalén, año 33

Los saduceos, los fariseos y los escribas se asustan aún más con la presencia de Jesús en Jerusalén. Su temor los lleva a tomar la decisión de acabar, de una vez por todas, con la amenaza que representa. Inician una campaña de desinformación, acusándolo de blasfemo, compañero del Demonio y falso Mesías. Esparcen el rumor entre la gente. Los saduceos y los fariseos manipulan la opinión del Sanedrín y provocan la orden de capturar a Jesús. Los escribas se encargan de manipular la ley para que la acusación tenga sustento legal y puedan proceder a condenarlo.

Ciudad de Guatemala, año 2012

Las grandes corporaciones, la clase política y los abogados, jueces y magistrados se asustan con la presencia de Pancracio en la capital. Su temor los lleva a tomar la decisión de acabar, de una vez por todas, con la amenaza que representa. Inician una campaña de desinformación, acusándolo de terrorista, insurrecto y complotista por cuestionar el sistema; pero además de eso, lo señalan de protector de los delincuentes con sus ideas de perdonar y buscar justicia a través de la ley. Dicen de él que es enemigo de la democracia, de la producción y que responde a intereses de organizaciones internacionales o grupos anárquicos contrarios al desarrollo. Las grandes corporaciones y la clase política manipulan los medios con dichas acusaciones y el aparato legal se adapta para procesar de forma inmediata a Pancracio y proceder a condenarlo.

DECIMOCUARTA ESTACIÓN

Jerusalén, año 33

El pueblo escucha de sus líderes las acusaciones contra Jesús. Lo acusan los que conocen y saben de la ley, entonces ven en Jesús una amenaza para ellos mismos. Un hombre que se ha atrevido a blasfemar contra Dios. Un hombre que ha hecho pacto con el Demonio para engañar con milagros. Un hombre que se hace llamar Dios. Un enemigo. No puede ser posible que el sea el Mesías esperado porque no es un hombre con fortuna ni el general de un gran ejército. Por el contrario, es un simple carpintero de clase pobre con un mensaje que no sirve para liberarse del yugo romano.

Ciudad de Guatemala, año 2012

El pueblo lee, escucha y mira en los diferentes medios de comunicación las acusaciones contra Pancracio. Lo acusan de favorecer a los delincuentes, de ser terrorista, de querer destruir la democracia, de estar en contra de la caridad y de los pobres. De ser un enemigo. No es posible que un tendero de San Martín Jilotepeque pueda ser un líder que ofrezca resistencia al sistema. Esperan a alguien mas fotogénico, de tez blanca, que vista ropa fina, tenga buenos vehículos y que posea mucha fortuna. A alguien así sí valdría la pena escuchar, pero no a Pancracio. Ese tipo hasta parece miembro de una clica de mareros. De seguro lo es, él y sus doce compañeros son una clica de mareros que extorsionan a la población.

DECIMOQUINTA ESTACIÓN

Jerusalén, año 33

Presentan a Jesús junto a Barrabás frente al pueblo. Jesús es acusado de blasfemo y Barrabas de asesino de romanos. La gente tiene la potestad de liberar a uno de los dos. Barrabás, por su delito, se gana el favor del pueblo, quien ve en él a un libertador o, al menos, a alguien que lucha contra el invasor. Jesús, por el contrario, es visto como un ilusionista. Un enemigo muy peligroso para el pueblo de Israel. La gran mayoría, entonces, clama a favor de Barrabás. Nadie defiende a Jesús. Y así, es entregado como cordero al que pronto van a desollar.

Guatemala, año 2012

Presentan a Pancracio junto a Erwin frente al pueblo. Pancracio es acusado de blasfemo, Erwin de asesino de mareros. Tenemos la posibilidad de dejar en libertad a uno de los dos. Erwin, con su delito, se gana el favor de la gente, que ve en él a un justiciero, o al menos a alguien que trae un poco de paz en medio de tanta violencia. Pancracio, en cambio, es visto como un ilusionista. Un enemigo peligroso para el pueblo guatemalteco. Ante ello, como pueblo lo pensamos y gritamos sin dudar: “¡Erwin!, ¡Erwin!, ¡Erwin!”. Nadie defiende a Pancracio. Y así, es entregado como cordero al que pronto van a desollar.

* * *

Ahora que pienso esta realidad, comprendo que el tiempo pasó pero la historia no ha cambiado. Si yo pudiese retroceder en el tiempo y estar en el año 33 de nuestra era, seguramente hubiese sido uno de aquellos que condenaron a Jesús. Hubiera pedido su crucifixión, porque así pediría también el castigo para Pancracio.

Por eso, si no cambio mi forma de entender mi realidad y la realidad de mi país, he de aceptar con franqueza que… yo también hubiera matado a Cristo.

¡Es la economía, estúpido!

Reflexiones a propósito de una columna de José Raúl González Merlo
Texto: Heini Villela Schneebeli

Estados Unidos, 1992. George Bush padre celebraba aún su victoria contra las tropas iraquíes que habían invadido Kuwait. Su popularidad a nivel nacional rondaba el 89%. No obstante, meses más tarde (en noviembre de ese mismo año) Bush era derrotado por Bill Clinton en las elecciones presidenciales.

¿Cómo explicar lo ocurrido? Fácil: el candidato demócrata interpeló a los votantes haciéndoles ver que los logros militares y el dominio geopolítico de Estados Unidos no era una realidad que pudiera percibirse en cada uno de los hogares. De hecho, mientras el gobierno de Bush proclamaba la grandeza y el liderazgo mundial de su país, los norteamericanos enfrentaban una recesión que empobrecía cada día más a la clase media. Clinton contradijo el espejismo con una frase clara, sencilla y memorable: ¡Es la economía, estúpido!

Traigo a cuento esta historia como aporte al debate generado tras la censura del programa de radio Espacio Intergeneracional, en el que un colega y yo nos proponíamos analizar la campaña Guatemorfosis de Pepsi. Leyendo diferentes comentarios y opiniones, me sorprende que por decir lo que pienso algunos me llamen cangrejo, resentido y hasta comunista. El mismo Ricardo Arjona, en su respuesta publicada por Prensa Libre, nos condena como enemigos de la patria por no hacer caso de su mensaje y discrepar con él en que la metamorfosis de Guatemala llega con un cambio de actitud individual.

Guatemorfosis nos dice que el cambio de actitud personal (siendo corteses, amables, trabajadores, optimistas, etcétera) es el inicio del cambio que Guatemala necesita. Nos pide que todos estemos unidos en esa actitud por el país porque, de lo contrario, no somos buenos hijos de Guatemala. Y para reforzar la idea nos presenta una idealización del pasado donde las tiendas de barrio y las colonias eran seguras, además de presumir nuestras bellezas naturales.

La pregunta es: ¿Cómo cambiar de actitud? Yo veo que a lo largo de mi vida he cambiado de actitud cuando he tenido el incentivo para hacerlo. Por ejemplo, cuando era niño, dejaba de salir a jugar con mis amigos para ganar los exámenes y tener las vacaciones libres. Y ya de adulto el comportamiento era el mismo: sacrificar vacaciones, fiestas o consumos por ocupar el tiempo en el trabajo, con el incentivo de que así se construye una empresa y un futuro próspero.

Así caigo en cuenta, como ya dije, de que el cambio de actitud sólo se logra con un incentivo… que generalmente es económico. Y así también me asalta la duda de cuál es el incentivo que nos ofrece la Pepsimorfosis para que los guatemaltecos cambiemos de actitud, y reconozco que por más que lo busco, no lo encuentro. No lo encuentro porque creo ser uno de los que cumple ya con las características de cortesía, amabilidad, trabajo, optimismo y demás.

Entonces, ¿qué mas se me puede pedir? ¿Qué más actitud se le puede pedir a un padre o a una madre de familia que se matan trabajando para alimentar a sus hijos? ¿Será que con un video, muchos de los jóvenes fanáticos de Arjona estudiarán más y parrandearán menos? Y, agregando: ¿Se es un mejor joven por hacer eso? Y, de no hacerlo, ¿está traicionando a su país?

Mi actitud no provoca ningún cambio social en el país. Puede darme a mí un mejor entorno, pero la realidad social siempre prevalecerá sobre mi entorno, ya que si Guatemala es violenta, pobre e injusta, esa violencia, esa pobreza y esa injusticia me tocará tarde o temprano, porque el entorno de toda persona siempre será vulnerable a la realidad de la sociedad en la que vive. Esta es la simple razón por la que al final siento dicha campaña como un mero anuncio de propaganda para el consumo de bebidas carbonatadas. Y le llamo propaganda porque así se le llama a la propagación de una idea (el amor por la patria) para inducir acciones que lleven a una conducta (el consumo de la bebida) a través de un sentimiento (nacionalismo).

Ahora bien, Arjona dijo que quería saber si los “cangrejos, resentidos y comunistas” tenían una mejor propuesta, y pensando en ese desafío me vino a la mente la frase de Bill Clinton. Mejorar a Guatemala no es cuestión de actitud (demasiado optimista ya para soportar tanto). Al contrario: ¡Es la economía, estúpido!

Si el problema de Guatemala es económico, la solución debe ser económica. Entonces, en vez de pedir un cambio de actitud, ¿por qué mejor no enarbolar los valores de la libertad y la igualdad? Libertad para pensar y expresarse, pero también para producir y consumir. Igualdad ante la ley, y por consiguiente igualdad de oportunidades para trabajar sin prebendas ni ventajas. Eso significa que todos (¡todos!), por el sólo hecho de vivir en Guatemala, somos libres de hacer lo queramos a condición de no perjudicar a terceros.

Pero esa libertad incluye el poder consumir lo que queramos, no lo que nos imponen, y el poder producir lo que deseemos, no lo que nos permiten. Y la igualdad implica que todos sigamos las mismas reglas, de modo que el grande no pueda imponerse con ventajas sobre el negocio pequeño; que si se exonera de impuestos a una empresa, se le ofrezca la misma condición a todos para no darle ventaja a nadie; que si se penaliza con aranceles a ciertos sectores, se haga lo mismo con todos.

Y para hacer realidad dichas ideas, aquí van algunas medidas que deberíamos apoyar como sociedad, más allá de cancioncitas pegajosas y actitudes edificantes:

1. Inspirándome en su historia, cuando él lanza su propia disquera buscando la independencia no sólo económica sino también de criterio, le propongo que luchemos por quitar los aranceles que protegen a los monopolios y oligopolios del país, para que como consumidores podamos elegir libremente entre diversos productos con precios competitivos. Quitar el 20% de arancel al azúcar, el 40% de arancel a la cerveza y el ron, el 15% a las aguas gaseosas (¿aló Pepsi?), el 10% al cemento, etcétera.

Todos estos son sectores que presumen de ser (y seguramente son) competitivos y eficientes. De ser es así, ¿cuál es el temor a poder competir con otros productos que vienen de afuera?

2. Quitar las cuotas de importación de la harina y el trigo, lo mismo que del maíz amarillo y la soya, que son asignadas a un reducido grupo de empresas que tienen el monopolio de la harina y las pastas en el país, lo cual les permite manipular el precio de dichos productos por no haber competencia. Ostentar esos privilegios en un país que se muere de hambre es inhumano.

3. Declarar lesivos diez contratos de generación eléctrica que se firmaron entre 1993 y 1996, y que hicieron de Guatemala el país más caro del continente en términos de energía al obligar a pagar entre 19 y 21 centavos de dólar por kilovatio. Bajo ese esquema Guatemala no pudo aprovechar el tratado de libre comercio con los Estados Unidos: no es factible crear un sector industrial en nuestro país ya que, siendo la energía eléctrica una materia prima fundamental, es imposible tener costos para competir.

4. Dejar de subsidiar el dólar para mantenerlo elevado. Solo entre el 1 de enero del 2010 al 30 de abril del 2011, el Banco de Guatemala gastó 5,100 millones de quetzales para mantener el valor del dólar con el quetzal al 7.80 x 1 en promedio. Si en vez de gastar todo eso hubiera dejado libre el tipo cambio, éste habría bajado al 6.47, y de esa manera el pan, el pollo, la gasolina, el papel, los libros, las herramientas, la maquinaria, los electrodomésticos, las computadoras, los celulares, los vehículos serían un 17% más barato.

Resumiendo, y repitiendo: ¡Es la economía, estúpido!

Ve, qué de a huevo Arjona

  Texto: Andrés Zepeda (el bobo de la caja)

  Quienes ya no somos tan jóvenes recordamos cómo, en un recital que a mitad de los ochentas ofreció Alux Nahual en el Colegio Alemán, el telonero –nada menos que Ricardo Arjona– fue bajado del escenario a centavazo limpio por aquella concurrencia tan febril como excluyente.

No me extraña, entonces, que poco después haya decidido largarse en busca de una fortuna que no pudo hallar aquí; expulsado, como millones de otros compatriotas, por la falta de oportunidades que le impedían cosechar ese merecido reconocimiento del que ahora goza. Lo que sí me extrañó fue su respuesta publicada el domingo pasado en Prensa Libre: no sé si sentirme aludido en ella; de hecho, ni siquiera estoy seguro de si sea dable hablar de prensa verdaderamente libre en nuestro país.

Como sea, me late que a nuestro máximo orgullo nacional sus familiares (o sus orejas) lo han informado pésimamente acerca de lo que ha venido ocurriendo en Guatemala desde que –sensato que es– optó por hacer maletas e irse de casa.

Llevo casi diez años de no ocuparme de él ni de su música en los desplegados a los que hace referencia, pero en cambio sí me he pronunciado (hace poco y varias veces) en programas de radio aludiendo a las campañas que, como su aparentemente cándida Guatemorfosis, pretenden realizar un bombástico operativo: hacer que la responsabilidad de nuestros problemas se traslade (‘como quien no quiere la cosa’, en clave irresistiblemente optimista, con sabor azucarado y a ritmo de música pop) desde quienes los han ocasionado hacia quienes los padecemos. Ve, qué de a huevo.

De entre una ocurrente colección de imprecisiones, hay en su misiva un señalamiento que considero particularmente grave: ligar nuestra crítica “a los métodos viejos que a ningún lado nos llevaron en el trayecto de nuestra historia”. Mucho cuidado. Hasta donde yo sé, ninguno aquí ha abandonado aún esa trinchera “al regazo de una computadora” (que no siempre es tan cómoda como él supone) para empuñar de nuevo los fusiles. Que quede claro, por favor.

Por lo demás, lo que sí hacemos, cada uno a partir de sus propias limitaciones y lidiando con sus personales filias y fobias, es expresarnos con palabras como también lo hace él.

A propósito, me pregunto: ¿Quién será más resentido? ¿El que insulta de ida? ¿O el que escupe de vuelta tildando a sus agresores de zopilotes voraces, carroñeros, viperinos, arrogantes, panfletarios, malintencionados, inmovilistas y tibios? Fuiste tú, Ricardo.

Y ya que nos pide ideas, aquí le van algunas que al vuelo se me van ocurriendo:

Uno. Ante todo, tomar partido a favor de la libre circulación de esas ideas de las que tanto nos gusta hacer alarde a la hora de señalar cómo otros (siempre son otros) critican, pero (eso dicen) ‘no proponen’. Y ojo, porque asumir un compromiso en pro de la libertad de expresión pasa necesariamente por denunciar cualquier acto de censura; por ejemplo, el protagonizado por Radio Nuevo Mundo el pasado 24 de febrero por presiones de la Pepsi (o de su agencia) y en contra del Grupo Intergeneracional.

¿Así se transforma Guatemala? ¿Es eso ‘no fallarle a mí país’? Ojalá no llegue, él también, a verse algún día silenciado por el oscuro velo de la censura.

Dos. No confundir los ataques que algunos vertieron sobre su persona con las críticas que otros hicimos en referencia a la Pepsimorfosis e iniciativas simi- lares, acaso bienintencionadas pero asimismo engañosas por insuficientes, por conformistas, por resignadas y por reaccionarias.

Tres. Hacer honor a su reciente investidura de artista independiente y deslindarse, en nombre de la dignidad propia y por respeto a sus seguidores, de marcas que –como la Pepsi en nuestro país– operan bajo el régimen de maquilas para eludir obligaciones tributarias y establecen contratos de exclusividad con sus clientes, socavando con ello la libre competencia a través de procedimientos monopolistas.

  Cuatro. Entender que, si de contar “las virtudes de Guatemala en el extranjero” se trata, la tentativa necesita ir más allá de mostrar sus bucólicos paisajes. En cambio, habría que empezar por dotar a las comunidades ubicadas en tan bellos rincones de los servicios necesarios para atender el flujo de turistas atraídos por el video musical del momento, a fin de evitar que más pronto que tarde huyan despavoridos a causa de nuestros alarmantes índices de escasez, insalubridad y barbarie.

Cinco. Combatir la desnutrición infantil, la migración de indocumentados, la violencia y el abandono familiar, la economía informal, el crimen organizado, la conflictividad social y, en suma, la obscena brecha entre opulencia y miseria. ¿Cómo? Yendo a la raíz de los problemas en lugar de exhortarnos, cancerígena Pepsi en mano y encaramado en su Jeep color naranja, a “cambios personales como principio de contagio”.

¿Cuál es la raíz de los problemas? Un sistema económico que favorece a los mismos pocos de siempre en detrimento de las grandes mayorías. Una élite empresarial (de la que él es socio y, por lo tanto, cómplice) atrasada, ignorante, mercantilista, haragana y tacaña. Un Estado inepto y corrupto.

¿Qué hacer para extirpar esa raíz? Fácil de decir, difícil de lograr: mayor participación ciudadana, mejor organización de la sociedad y compromisos –tanto individuales como sectoriales– que vayan más allá de la adscripción a modas y el consumo de marcas.

Ahí se la dejo.

 

Primera Declaración: ¿LIBERTAD?

Me llamo Heini Villela Schneebeli, el viernes 24 de febrero me disponía a participar en el programa semanal que el Grupo Intergeneracional tenía a su cargo en Radio Nuevo Mundo desde hacía dos años, en el que se analizaría el caso de las campañas que le dan al ciudadano común y corriente la responsabilidad del cambio en Guatemala, instándolo a pensar y actuar de forma positiva. Nuestro programa para ése día tenía por título ¿Guatemorfosis o Guatepsicosis?

Dos horas antes de salir al aire Marvin Robledo, gerente de la radio, llamó a un colega del grupo diciéndole que la agencia de publicidad de Pepsi se había comunicado con él manifestando su “preocupación” por el título del programa, motivo por el cual se nos pedía abordar otro tema. Nosotros consideramos la posibilidad de modificar el nombre del episodio e, incluso, omitir la mención a la marca (total, lo que nos interesaba destacar no tenía que ver con Arjona ni con Pepsi sino con la necesidad de comprender la magnitud de los problemas y las acciones requeridas para resolverlos) pero la radio se nos adelantó comunicándonos su decisión de cancelarlo.

Cuento lo ocurrido para dejar claro que fue censurado nuestro derecho a expresarnos. Las personas que me conocen pueden dar fe de mis fuertes bases liberales. No me queda la menor duda de que el fin de toda sociedad debe ser la libertad, traducida ésta no solo en la libertad de escoger entre dos marcas, sino también en la libertad de producir, de trabajar, de expresarse y pensar. Aborrezco cuando el gobierno obstaculiza cualquiera de estas libertades porque entiendo que el Estado es, ante todo, un garante de la armonía social, llamado a proteger nuestro derecho a pensar, hablar, trabajar, producir, etcétera.

Sin embargo, el recién pasado viernes 24 de febrero me di cuenta de que no solo el gobierno es capaz de violar mis derechos ciudadanos. Lo hacen también otros individuos como yo, que no necesitan pertenecer al Estado para creerse superiores y limitar mi libertad. Esa tarde tomé conciencia de aspectos que no había considerado antes: toda la vida pasé quejándome de manifestaciones que interrumpían el tráfico y que me hacían llegar tarde al trabajo. La mayoría de esas manifestaciones eran de grupos de personas pobres (campesinos sin tierra, personas sin vivienda, entre otras). Ahora bien: si yo, siendo un profesional, perteneciendo a la clase media, con trabajo, sin hacerle daño a nadie y respetando la ley no pude expresar mis ideas libremente porque alguien con más poder económico decidió que no eran importantes y ordenó que no pudiera expresarme, ¿qué pueden esperar las personas pobres, aquellas olvidadas o escondidas detrás de las montañas o dentro de los barrancos para, al menos, ser escuchadas en sus lamentos, si no es a través de violentar la circulación de otros para hacerse notar? ¿Es correcto que esa sea la única alternativa para decir lo que se piensa y ejercer un derecho ciudadano? Los medios que se cierran a intereses particulares, ¿no deberían servir para expresarse? He aquí el primer hecho que me asusta, porque esa sociedad con libertades que anhelo para nuestro país encuentra su primera contradicción.

Los medios de comunicación deben responder a intereses comerciales, porque obviamente son un negocio para ganar dinero. Hasta aquí todo está bien. Lo que debemos entender es que los medios (como la radio o la televisión) operan en un espacio público que es de todos, pero que en Guatemala se concede por muchos años a varias empresas. Hasta acá, todo sigue bien.

Pero la condición para entregar un espacio público a un negocio particular es garantizarle al ciudadano la libertad de expresarse en dichos medios y que, al hacerlo, esa libertad (que a la vez es un derecho) no se vea limitado por intereses privados o del gobierno de turno.

Con la penosa experiencia vivida, he de decir que no hay libertad de expresión en nuestros medios de comunicación, ya que no pudimos ejercer nuestro derecho a hablar. Aquí ya todo va mal.

¿Cuántas personas más estarán en las mismas condiciones que nosotros?