La pregunta más importante

Texto: Heini Villela Schneebeli

El tiempo pasa rápido. Fue a finales de los ochentas, estaba en el colegio y nos llegó la noticia: el hermano de un compañero de clases había muerto en combate en Chimaltenango. Era miembro de la Fuerza Aérea Guatemalteca.

Hoy, un cuarto de siglo después, leo en facebook los comentarios de mi ex compañero respecto de la guerra civil: según él, no hubo genocidio. Lo conozco y puedo entender y hasta compartir su idea, porque sabe con certeza que su hermano murió defendiendo un ideal: la libertad y la grandeza de un país. El suyo. El nuestro. Aceptar que hubo genocidio sería traicionar a la memoria de su hermano.

Cinco años atrás, en 2008, conocí en el área Ixil a Felipe, un hombre mayor, líder en su pequeña comunidad. Había sido guerrillero. Una noche me explicó qué lo había motivado a incorporarse a la subversión, las condiciones de hambre, miseria y abandono en la que vivían él y su familia, la impotencia de ir creciendo con brazos, manos y cabeza para trabajar pero no conseguir oportunidades de superación aparte de capiscar café, lo cual le proveía lo mínimo apenas para no morirse de hambre ni desfallecer de cansancio.

Vio en la guerrilla la oportunidad de cambiar su realidad y la de los suyos, y en esa lucha perdió a su padre y un hermano a quienes acusaron de guerrilleros por su culpa. Para él, sí hubo genocidio.

Ambos son guatemaltecos en quienes percibo un auténtico amor por su país. No me interesa juzgarlos moralmente pero a ambos los considero buenas personas, cada uno actuando de la mejor manera que han considerado para salir adelante en sus respectivos entornos distintos, y que hoy comparten una misma realidad aunque desde posiciones opuestas.

Yo mismo tengo mi propia idea acerca de lo que aconteció en Guatemala y de si hubo o no hubo genocidio pero considero que se trata de una pregunta que nos impide ver más allá e interrogarnos sobre algo mucho más importante: ¿valió la pena?

¿Valió la pena que muriera el hermano de mi amigo? ¿Valió la pena que Felipe perdiera a dos miembros de su familia? ¿Valió la pena que entre el hermano de mi amigo y Felipe hayan 37 mil o 250 mil muertos, dependiendo de la fuente?

Observemos el país que nos queda hoy. Veamos el temor que quedó en la sociedad, la ira contenida (¿contenida?), la frustración y la auto represión. Todas ellas (entre otras), secuelas comunes de una guerra. Pero más allá de eso, se supone que ambos bandos pelearon por un mejor país: por un lado el gobierno, para proteger un marco legal que supuestamente llevaría progreso y autorrealización a todos los guatemaltecos; por otro lado la guerrilla, para instaurar un marco distinto de legalidad que supuestamente también garantizaría el desarrollo y la justicia para todo el pueblo.

Pero el tiempo pasó, la realidad nos atrapó y ni el hermano de mi amigo ni el padre de Felipe ni su hermano ni ningún guatemalteco merecía morir por la mierda de país que tenemos hoy.

Y es ese amargo saldo el que me impulsa a escribir ahora, porque no me es posible honrar la memoria de los miles de guatemaltecos que derramaron su sangre en uno u otro bando (o en medio, injustamente, como la gran mayoría) pensando que este sistema, dirigido por una élite económica mediocre y mercantilista (que en la guerra sólo defendió sus intereses monopolistas) y por una élite política corrupta y ladrona (cuyos intereses no aspiran más que a llenarse la bolsa de dinero) sea el resultado del sacrificio de tantas víctimas inútiles.

Si fue genocidio o no, es una pregunta que debe responder la justicia. Que le demos vuelta a la página de la historia es un consejo que no podemos aceptar, porque aceptarlo equivale a olvidar a aquellos que murieron. Si queremos rendir tributo a todos los guatemaltecos que murieron y regaron con su sangre este suelo sólo podremos hacerlo luchando hoy contra este sistema de mierda que nos gobierna y construir en verdad una nación del ciudadano, por el ciudadano y para el ciudadano, basado en leyes justas e iguales para todos y en la oportunidad de que cualquier hombre o mujer con capacidad de trabajar pueda utilizar sus capacidades para vivir dignamente y alcanzar su satisfacción.

Por eso murió el hermano de mi amigo, por eso luchó Felipe y por eso perdió a su padre y a su hermano. Y sólo a través de eso honraremos a todos los que murieron y podremos superar, de una vez por todas, esta división que sólo beneficia a los mezquinos que mandan en esta nación; léase: las élites económica y política que dirigen Guatemala.

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6 comentarios en “La pregunta más importante

  1. Hola, excelente, totalmente de acuerdo, cómo hacer para que este tipo de pensamientos llegue a más personas? porque hay que recordar que lamentablemente este tipo de “esquemas de información ( blogs )” no llegan a la mayoría de personas en Guatemala, empezando por el poco acceso a tecnología y recursos de la mencionada mayoría de guatemaltecos, en todo caso, me sumo a la iniciativa y comparto las buenas intenciones……………

    1. Gracias Alfredo, realmente para que diferentes ideas lleguen a más gente, pienso, debe ser un trabajo de hormiga. Cuando se tiene un monopolio en los canales abiertos y los noticieros sólo presentan la sangre sin analizar el origen de la violencia, no nos queda otra del trabajo de hormiga, platicarlo con amigos y conocidos. Quizás el ir compartiendo diferentes sitios donde la gente pueda ver opiniones e ideas distintas puede darle sustento a lo que vamos diciendo. Un saludo y gracias! Pd. Cuando encuentre algo que valga la pena se lo hago llegar.

  2. Comparto muchas de tus opiniones, pero hay una que no me deja leer tu blog y dejarlo estar. Fuimos usados por dos fuerzas que ni de un lado ni de otro están interesadas en el pueblo. Por un lado la elite que está interesada en mantener el status quo, únicamente interesada en sus propiedades y en un modelo de mercado que incremente fortunas. Por el otro lado una infra elite interesada en no trabajar y en vivir a costillas de donaciones de fuera.
    Ninguna de las dos está interesada en olvidar ni en perdonar. Ambas se benefician del desorden. Ahora estamos peor porque las dos elites siguen pero ahora no gobiernan, estamos gobernados por “simples” políticos más interesados en negocios que en el pueblo.
    En la medida que juicios como ese sigan sacando las heridas a flor de piel, será la medida que regresemos a la confrontación en donde, solo la elite y la infra elite se benefician.
    Si no hay justicia no hay paz, dicen en los periódicos. La búsqueda de esa justicia será la perdición de este país en donde la carencia de líderes o héroes nacionales nos tienen perdidos. De los dos lados se cometieron excesos. Los dos lados son culpables de infinitas muertes, traumas, penas, vidas destrozadas.
    Depende de las nuevas generaciones quitarlos del camino, hacerlos a un lado, y empezar a ignorar las estúpidas ideas que representan. Si intentamos caminar para adelante viendo para atrás sin lugar a dudas caeremos de nuevo.
    .

    1. Juan, un gusto. Difiero parcialmente en tu opinión en que la elite económica no quiere olvidar, además del punto de que es la elite política la que gobierna. Si notas, la actitud de la elite económica es precisamente la de olvidar, que no haya justicia, ni siquiera que se cuestione la guerra. Eso ha quedado muy claro en los últimos días. El otro aspecto es que quien gobierna en Guatemala realmente es esa misma elite. Los políticos responden a ella y a sus intereses, y ahí es donde puedes ver que leyes por la transparencia y contra la corrupción que son demandas de toda la sociedad, duermen el sueño de los justos, mientras que la ampliación de contratos e las frecuencias radió eléctricas del país se hacen en una mañana. Los políticos responden a donde haya dinero y ¿quien tiene el dinero en Guatemala?

      Aparte, pienso que se debe diferenciar entre muchas ONG’s que buscan fondos en el extranjero y que puedan promover una conflictividad (ya me contagie del lenguaje oenegero) y muy distinto es en verdad dar justicia a que los que siempre han estado en la sombra del sistema, los que no han existido más que para proveer mano de obra muy barata. Es una cuestión de humanidad, porque si mataran a mi padre o a tu padre, tenemos el derecho de saber quien y por que, ya que e lo contrario estamos condenados a que vuelva a repetirse. No debemos confundir que la única forma de encontrar paz es conociendo lo que paso, y este juicio, sin importar la sentencia, es una excelente forma de encontrar esa paz, porque ¿qué mejor oportunidad que para defender a Ríos Montt y compañía, los abogados demostraran que la guerrilla actuó igual? Los planteamientos que hacen, sólo pueden salir de un juicio, para que ese sea el párteaguas para construir una Guatemala distinta! Saludos y gracias por leer el blog.

  3. Hasta hoy estoy viendo este comentario y te felicito por la forma en que planteas el asunto. Comparto en gran medida tus apreciaciones, pero creo también que para responder la pregunta importante que planteas (“¿valió la pena?”), hace falta responder otras que no son sencillas de analizar: ¿es, de verdad, necesario que haya “justicia” (es decir, castigo a los criminales) para poder perdonarlos? ¿es el perdón, de verdad, una condición sine qua non para construir una sociedad conciliada y armónica? ¿es, de verdad, la acusación de genocidio la ruta más viable, factible y constructiva para obtener justicia? ¿quiénes son, de verdad, los que se están beneficiando de la ingobernabilidad imperante? ¿cómo podemos, de verdad, resarcir a los familiares y víctimas de los crímenes de lesa humanidad que se cometieron durante la guerra civil? ¿por qué razones, de verdad, en otros lugares (como Sudáfrica o España) han logrado construir una sociedad conciliada y nosotros no lo hemos hecho?
    Como ves, tu pregunta me ha dejando interrogantes que ameritan meditar y conversar ampliamente. Yo invito.

    1. Mario, interesantes preguntas que te planteas, y a cada una podría agregarle otra, por ejemplo ¿qué entendemos por justicia actualmente?¿a qué llamamos ingobernabilidad?¿Si hay justicia, hace falta resarcimiento? Y, finalmente ¿la sociedad conciliada se construye sobre deseos o sistemas económicos?

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