Warren Buffet dixit

Warren Buffet dixit

Una de las formas clave de medir esta victoria son las desigualdades de riqueza y renta crecientes del uno por ciento respecto al resto del mundo.

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Mil millones de dólares para usar palabras del Mundial

La FIFA ha registrado cerca de 200 palabras relacionadas al Mundial 2014 que nadie podrá utilizar “con fines comerciales” pues de lo contrario, quien lo haga, se encontraría con un proceso judicial. Obviamente, no hay que alarmarse, esto solo es para “proteger a los patrocinadores que han pagado mil millones de dólares para tener el derecho exclusivo de usar esas expresiones.” Eso deja fuera a toda empresa que no tenga en el bolsillo esa módica cantidad para poder hacer lo mismo que hacen las que si lo tienen: negocio con el Mundial.
Esta lógica corporativa, empresarial, privada, o como quieran llamarle es la misma de aquéllos que se jactan de la igualdad de oportunidades, de las “libertades individuales”. Es decir, que si las medianas y pequeñas empresas no pagan es porque no quieren, si uno es pobre es porque quiere, porque no es emprendedor.

Lo más preocupante de todo es que la FIFA está cobrando por algo que es de todos ¡el lenguaje! ¿quién autorizó a este gigante a ejercer este tipo de violencia? ¿a explotar las palabras? Nadie, porque todos tenemos iguales oportunidades… y nos comemos esta falacia encantados de la vida mientras hacemos quinielas y seguimos comprando la cerveza del oligopolio para ver los partidos.

Lo próximo que veremos, si no actuamos al respecto, es que así como llega la factura de agua a la casa, llegará la del aire y la energía del sol.

Gol de la FIFA

La candidez de la ignorancia

Pequeña muestra de la obstinada actividad cerebral de las hormigas.

 Mario Roberto Morales

 

Entre las frases célebres de Marx y Engels hay una en El Manifiesto Comunista que ha sido adoptada por algunos pensadores contemporáneos como lema de la posmodernidad. Es la que dice: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.

 

Esta frase, usada por Marshall Berman como título de uno de sus libros, la escribieron nuestros autores para metaforizar el hecho de que las nuevas relaciones capitalistas de producción disolvían los criterios que cohesionaban las relaciones comunitarias tradicionales del Medioevo en materia económica, social y afectiva, las cuales, por siglos, habían constituido todo lo sagrado y lo “sólido” de aquellas sociedades. De pronto, con el capitalismo, se instauraban nuevas relaciones sociales basadas sólo en la fuerza de trabajo individual que las mayorías fueran capaces de vender al mejor postor, dando con ello lugar a un nuevo criterio de cohesión y legitimación entre los seres humanos: el criterio del egoísmo individualista como norma de la convivencia social. Esto, porque todo aquello que sostenía las relaciones comunitarias y las solidaridades gremiales y colectivas en general (lo “sólido” medieval), necesitaba ser disuelto por las nuevas relaciones de producción (basadas en la compra-venta de la fuerza de trabajo individual) para que el nuevo sistema funcionara. Este cambio en las relaciones sociales de producción implicó el paso de la antigüedad a la modernidad.

 

La frase no alude a nada “lamentable”, sino a un hecho histórico que Marx y Engels consignan como parte de una explicación que pretende ser objetiva. No dicen que esto pudo haber sido de otro modo. Lo consignan porque así fue, y punto. No se trata de una afirmación hecha al aire, como una de esas “citas citables” del Reader’s Digest, sin referencia a ningún hecho concreto. No es una ocurrencia irresponsable, como suponen quienes, desde la candidez de la ignorancia, califican a Marx como un soñador que pretendió poner en práctica la utopía del bienestar colectivo. Estos ignorantes cándidos no logran entender que la utopía no se puede poner en práctica porque deja de ser utopía, ni que tan sólo es una guía para la acción. Tampoco, que Marx fue un hombre práctico. Basta revisar su biografía para enterarnos de su actividad en la vanguardia de la organización obrera de la Europa de su tiempo.

 

Los ignorantes cándidos tampoco entienden el principio socialista “De cada quien según su capacidad y a cada cual según su necesidad”. Los pobres suponen que esto implica repartirlo todo igualitariamente de modo que un psiquiatra gane lo mismo que un lustrador de zapatos, y que la tierra se reparta a todos en partes iguales para que a cada uno le corresponda una maceta. Uf. Ni Marx ni Engels propusieron nunca semejante imbecilidad. No logran entender nuestros cándidos ignaros que el viejo Karl venía de la tradición liberal europea y que el concepto de “justa distribución de la riqueza” lo asumía como igualdad de oportunidades (no de logros). Tampoco, que el principio de marras expresaba la meta utópica del socialismo y que a ella se llegaría no repartiendo en partes iguales todo lo que existe, sino mediante el desarrollo de las fuerzas productivas hasta alcanzar un bienestar no sólo de las élites, sino también de las mayorías.

 

Como vemos, Marx es la sombra del Monte Everest sobre un hormiguero en el que cunde la obstinada actividad cerebral de las hormigas.

 

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University economics teaching isn’t an education: it’s a £9,000 lobotomy

University economics teaching isn’t an education: it’s a £9,000 lobotomy

Economics took a battering after the financial crisis, but faculties are refusing to teach alternative views. It’s as if there’s only one way to run an economy.

(nota a cargo de Aditya Chakrabortty publicada en The Guardian el viernes 9 de mayo del 2014).

Guatemala: el haz y el envés de la impunidad y el miedo

Guatemala: el haz y el envés de la impunidad y el miedo

Las estrategias militar-empresarial-gubernamental contra la justicia y la resistencia.

¿Alguien sabe a cargo de quién(es) estuvo la investigación y la redacción de este documento?

Abelino

EL BOBO DE LA CAJA
Abelino

Andrés Zepeda
lacajaboba@gmail.com

El despertador suena a las cuatro y media pero yo tengo ya los ojos abiertos y los dientes apretados. Estoy nervioso. Ayer, domingo de resurrección, venía entrando a jalón desde el altiplano pero decidí recalar en la Antigua: el tráfico demencial de vacacionistas retornando a la capital me disuadió de tomar un bus –seguramente todos, toditos, iban llenos a reventar.

A las cinco ya estoy a la vera de la autopista de salida. Pasa una camioneta, le hago señas para que pare, sigue de largo. Adentro va socada de pasajeros y afuera, arriba, no caben más tiliches sobre la parrilla.

Dos minutos después se detiene otra. Menos mal: tengo una reunión importante a las nueve y me esperan dos horas de atorazones, otra hora de trasbordos y desplazamientos a pie hasta llegar a casa, y otra más para tomar una ducha, comer algo, acicalarme y salir. No quiero llegar tarde.

Subo. Queda un espacio al fondo: donde caben dos, caben tres. Me escurro, me siento y me pongo a hablar con el tipo que va a la par. Abelino es su nombre. Trabaja como operario raso en una fábrica de plásticos ubicada al final de la Petapa.

La historia suya es también la de muchos como él, que viven en la periferia, se levantan incluso antes de lo que lo hice yo (por idénticos motivos) y día a día entran a la ciudad a hora pico, cuando todavía el alba insinúa apenas sus primeras luces.

Pienso en el montón de almas beatas, plácidamente dormidas aún, que creen y repiten y juran que el obrero es huevón y por eso hace falta apretarle las riendas y llevarlo por mal. Si supieran: tal vez no son el fuego, pero sí la mecha del capitalismo.

Guatemala, viernes 16 de mayo del 2014.

(http://www.elperiodico.com.gt/es/20140516/lacolumna/247495/)

Piedad sin escrúpulos

Mario Roberto Morales

 

Sobre el goce del descreimiento y una variante de la fe que obra.

 

Es asunto sabido que la religiosidad popular es predominantemente ritual y que en ella no suele intervenir el conocimiento teológico y tampoco el dogmático. El pueblo no concibe la religión sino como una ritualidad circular, repetitiva, rutinaria y disciplinada. Y cree que con eso agrada a sus dioses. Esto explica por qué cualquier charlatán puede fundar una iglesia y hacerse rodear de fieles que lo enriquecen de la noche a la mañana con sus diezmos, permitiéndole así comprar franquicias religiosas de cualquiera de las corporaciones transnacionales de la fe. De aquí que, en sus Silogismos de la amargura, Cioran diga que “Sin la vigilancia de la ironía, ¡qué fácil sería fundar una religión! Bastaría dejar a los mirones agruparse en torno de nuestros trances locuaces”.

 

Porque no hay duda de que los fundadores de religiones e iglesias carecen del sentido de la ironía, de la capacidad de distanciamiento crítico respecto de su impulso de mentir y de mentirse. Ya que sólo un autoengañado o un mentiroso puede ser tan estrambótico como para asumirse como santo o, cuando menos, como guía espiritual de desorientados, pastor de ovejas descarriadas, consejero de estupefactos, padre de huérfanos de criterio y voluntad. Por eso, sigue diciendo Cioran, “La santidad me hace temblar: esa injerencia en las desgracias ajenas, esa barbarie de la caridad, esa piedad sin escrúpulos.” Y todo porque, como persiste en espetar el brillante pensador rumano: “Hace dos mil años que Jesús se venga de nosotros por no haber muerto en un canapé”.

 

Para ser libre, pues, a la persona religiosa sólo le queda la salida (no del ateísmo, sino) de la herejía, ya que únicamente por su medio puede sentir que ha retomado el control sobre sí misma, sobre su conciencia, su fuerza creadora y su voluntad. Allí está Buñuel para probarlo. Por ello, afirma nuestro filósofo, “¡La posibilidad de renovarse mediante la herejía confiere al creyente una neta superioridad sobre el ateo”. Ya que éste es otro creyente, otro rehén de una convicción esclavizadora, en vista de que su fe sólo adquiere solidez como contraposición a otra. Y ya se sabe que una consistencia derivada de negar una anterior es una solidez vacía (valga el oxímoron). Esto ocurre en Guatemala con los “mayas” antiladinos, con los ladinos antiindios y con los criollos antiindioladinos; y en Estados Unidos con los supremacistas blancos.

 

La primera de estas citas de Cioran explica el crecimiento atropellado de los protestantismos en nuestros torvos páramos. Y las siguientes ilustran la crisis del catolicismo actual. No por gusto afirma nuestro nihilista predilecto que “Para recobrar su autoridad sobre la gente, el catolicismo necesita un papa furibundo, carcomido de contradicciones, impartidor de histeria, dominado por una rabia de hereje, un bárbaro a quien no le estorben dos mil años de teología”. Y, como si hubiera atestiguado la reciente santificación de un papa encubridor de curas pedófilos, remata afirmando que “Desde finales del siglo XVI, la Iglesia, humanizada, no produce más que cismas de segundo orden, santos vulgares, excomuniones irrisorias”.

 

Por todo lo dicho, nuestro gloriosamente acerbo pensador exclama, satisfecho de sí mismo, “Con qué urgencia me descristianizo desde siempre.” Ante lo cual sus devotos coreamos —poseídos por el goce del descreimiento y por una fe que obra—: ¡Amén, amén, aleluya, amén!

 

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