Monsanto, Blackwater y Bill Gates…

Monsanto, Blackwater y Bill Gates…

Monsanto compra Blackwater, el mayor ejército de mercenarios del mundo, mientras que la que la Fundación Bill y Melinda Gates compra 500 mil acciones de Monsanto.

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Negocios ilícitos

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EL BOBO DE LA CAJA
Andrés Zepeda
lacajaboba@gmail.com

Dos semanas atrás (bit.ly/1yowepH) compartía el ejemplo referido por un buen amigo mío cuyo padre, a sus noventa años, disfruta todavía echándose los tragos dueño de una salud envidiable y de una mesura digna del mismísimo Epicuro.

Lo que no hice fue revelar el secreto que, según él, lo mantiene así de lozano y vivaz: “Yo me empino cualquier trago siempre que sea con medida y, sobre todo, que no venga de ninguno de los monopolios nacionales”, dice mi amigo que le gusta repetir a su papá.

Imagino yo que se referirá al duopolio cervecero (dejó de ser monopolio hace diez años, desde que un tronco de la misma familia viene troceándole la exclusividad a sus primos) y al cártel congregado en torno a la Asociación Nacional de Fabricantes de Alcoholes y Licores (ANFAL, colusión oligopólica creada en 1947 con el beneplácito del entonces presidente Arévalo).

Siendo así, los únicos productos locales que van quedándole disponibles son los elaborados artesanal y clandestinamente: gifiti, caldo de frutas, boj, cusha, etcétera. De lo contrario, qué se me hace que su preferencia apunta hacia las bebidas importadas.

El problema con éstas últimas es que bien pueden tratarse, asimismo, de negocios lesivos al principio de la libre competencia: tal es el caso del ron Flor de Caña en Nicaragua, y del descomunal acaparamiento de marcas cerveceras en todo el mundo a cargo del gigante AB ImBev.

Y el problema con la producción clandestina es su escaso control de calidad. Para eso, nada como realizar una compra debidamente informada –o, en su defecto, preparar uno mismo sus propios brebajes.

¡Salud!

(publicado originalmente en http://www.elperiodico.com.gt/es/20140620/lacolumna/249528/, viernes 20 de junio, 2014).

Don Rufino

EL BOBO DE LA CAJA
Andrés Zepeda
lacajaboba@gmail.com

Levanta la talanquera con la mano y al hacerlo exhibe un gesto de deleite, como sintiendo que mueve a voluntad una extensión del propio falo.

Rechoncho, embutido en su uniforme color gris con ribetes azules, mostacho de morsa, ojos vivaces, él es don Rufino, el guachimán. Trabaja turnos de doce horas en un parqueo de la zona uno. Cada tres días le toca seguir de largo hasta la jornada siguiente, y cada diez, descansa. Le pagan una mierda, pero al menos tiene chamba.

Estuvo varios meses desempleado, viviendo a tres menos cuartillo, desde que lo echaron de un edificio de apartamentos del otro lado de la ciudad, donde habita la gente de bien. En un descuido las cámaras de seguridad lo captaron, a él y a la mucama de una de las familias inquilinas, jadeando a medio fornicio en el pasillo del sótano que da a las escaleras de emergencia.

A la hora del almuerzo la muchacha del comedor de la esquina le lleva su comida y su muñeco de tortillas con fresco. Él aprovecha para lisonjearla tirándole un par de directas. Ella, púber pero no lerda, resiste los floreos en silencio, tratando de no inmutarse. Sólo la tiesura en el gesto y un leve rubor en las mejillas la delatan. Don Rufino, diablo viejo, se da cuenta en el acto. Ya llegará el momento de merendarse ese bizcocho, piensa, mientras apura las hilachas con un trago de rosa de Jamaica, relamiéndose los bigotes.

No sabe cuántos hijos tiene. Ha reconocido a cuatro. Mujeres no le faltan, pero sólo a una le da para el gasto. Posee una labia envidiable. Se jacta de ser buen amante.

Viene otro carro. Abre la talanquera y sonríe, orondo…

Sin Hombres de Maíz

Escrito por Claudia González

Hace 40 años que Miguel Ángel Asturias no está entre nosotros. Pero quizás sea más, Miguel Ángel Asturias nunca ha estado entre los guatemaltecos. Conozco chapines que conocen los títulos de sus obras, pero con muy pocos he podido hablar del contenido de ellas. Con una sola sobre “Mulata de tal”. Es cierto que Guatemala es un país que no lee. Las cantinas, las iglesias y los centros comerciales atraen más a quien no se preocupa en lo más mínimo por una cultura que llaman “general”. ¿Qué le vamos a hacer? No pretendo cambiar esto, sacar a la mayoría de guatemaltecos del pan y circo con el que se conforman y embrutecen es tarea imposible.

Pero el artículo que aquí copio me hizo pensar no solo en el poco reconocimiento a nuestros escritores (¿debo recordarles que Asturias ganó el Nobel? De literatura, para quien se lo pregunte) sino también en la poca competencia de los funcionarios de este país. Me da vergüenza que la Ministra de Cultura, Claudia Velásquez, no esté al tanto de eventos tan importantes como la conmemoración de la muerte de un personaje así de relevante. Yo pediría su dimisión. Pero en Guatemala, la palabra “honor” está vacía de sentido.

Hace años, cuando visité la tumba de Asturias en el cementerio Père-Lachaise en Paris, me conmovió la forma maya que resaltaba en ella. Dentro de mi pensé que bien había hecho en querer ser enterrado en un país que lo acogió y no en el suyo, ante el que siempre sintió la nostalgia que transmite en sus “Letanías del desterrado”, país que siempre, incluso hoy, lo mantuvo en el olvido.

Los hombres de Maíz no existen. En Guatemala, todos se quedaron siendo de palo (leer el Popol-Vuh para saber a qué me refiero).

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/06/08/actualidad/1402255378_357791.html