Otra perspectiva más sobre la Ley Monsanto

Escrito por Heini Villela Schneebeli

Cuando se negoció el TLC con EE. UU., una de las discusiones más fuertes en aquel entonces fue sobre el maíz. ¿A qué se debía esto? Básicamente, por un lado, estaban los productores de maíz agrupados en una organización que se llama Comisión Nacional de Granos Básicos (CONAGRAB) y, por el otro, estaban los productores avícolas, el productor porcino y la asociación de productores de huevos. Las posiciones eran muy sencillas: la CONAGRAB decía que si se negociaba la importación libre de maíz, muchos pequeños productores se irían a la quiebra. Por el lado de las empresas, se decía que en Guatemala era muy caro producir maíz (componente esencial del alimento para animales) y que no era posible competir si se debía pagar más caro localmente que importándolo. Al final, el maíz quedo libre para importarse. La decisión se basó en que la gran producción local de maíz era para alimentación propia del campesino y que realmente era poco el maíz que se producía para alimentación de animales.

Han pasado más de 9 años desde que se firmó el TLC. Ahora, nuestros honorables diputados aprobaron una ley donde se permite el registro como propiedad intelectual del ADN de las plantas, aparte de la comercialización de semillas genéticamente modificadas y por casualidad dentro de la misma ley, se aprueba un préstamo para el Ministerio de Comunicaciones. En fin, la cuestión es que esta ley se vuelve nociva contra la libertad y atenta contra la propiedad privada.

La forma en que se siembra maíz en Guatemala es que el agricultor toma una parte del maíz que cosecha y lo guarda para la siguiente siembra. Así ha sido por siglos y esto ha permitido que el país tenga el banco genético natural de maíz más rico a nivel mundial. Debemos hacer notar que para generar el grano, el maíz debe ser polinizado, y el polen que llega a la planta puede viajar varios kilómetros. Esta es una característica del polen del maíz precisamente, que la planta al liberar polen, permite que viaje por largas distancias y polinice plantas de maíz de otras personas. Ahora, nuestro Congreso, con saber qué oscuras intenciones e intereses, decide regular un proceso natural y darle carácter de propiedad privada. ¿De qué manera lo permitirá?

Cuando un agricultor en su parcela A siembre maíz transgénico, al entrar en la etapa de polinización, el polen que producirá viajará a parcelas vecinas. Supongamos que a 1 kilómetro hay otro agricultor sembrando maíz en la parcela B. Él nunca sabrá, ni tendrá conocimiento de que su maíz está siendo polinizado con el material genético del maíz de la parcela A. Cuando llegue la cosecha, como se ha hecho por siglos, guardará una parte del grano para utilizarlo como semilla y en la siguiente siembra, estará sembrando maíz con el material genético de la parcela A. Con la ley que aprobó el Congreso se permitirá que la empresa que vendió la semilla al agricultor A no solo le cobre la semilla al agricultor B, sino que además podrá demandarlo. El agricultor B, después de esto, se verá obligado a tener que comprar la semilla a esta empresa siempre que quiera sembrar, porque no podrá saber si la semilla que usa lleva material genético de dicha empresa. O sea, la lindura que el Congreso aprobó es que uno al sembrar cualquier planta en su propiedad, no solo maíz, se hace responsable por la contaminación de otra persona, que sembró fuera de la propiedad, plantas con material genético de una empresa, que uno no desea tener. Es decir que se le adjudica la responsabilidad penal a la persona que sufre la contaminación de sus plantas con material genético que no quería, mientras que se le dan todos los derechos a la empresa que vende el material que viola la propiedad privada de los agricultores que no la desean comprar.

Aparte de todo lo anterior, si ya hace 15 años se había justificado que la cantidad de maíz que Guatemala podía producir era nula en términos de competencia, ¿qué interés se tiene ahora el quitarle lo poco que le queda al agricultor?

Así es como en Guatemala se defiende la propiedad privada, pero sólo de algunos, el resto nos quedamos cada día con menos derechos.

Monsanto, Blackwater y Bill Gates…

Monsanto, Blackwater y Bill Gates…

Monsanto compra Blackwater, el mayor ejército de mercenarios del mundo, mientras que la que la Fundación Bill y Melinda Gates compra 500 mil acciones de Monsanto.

Negocios ilícitos

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EL BOBO DE LA CAJA
Andrés Zepeda
lacajaboba@gmail.com

Dos semanas atrás (bit.ly/1yowepH) compartía el ejemplo referido por un buen amigo mío cuyo padre, a sus noventa años, disfruta todavía echándose los tragos dueño de una salud envidiable y de una mesura digna del mismísimo Epicuro.

Lo que no hice fue revelar el secreto que, según él, lo mantiene así de lozano y vivaz: “Yo me empino cualquier trago siempre que sea con medida y, sobre todo, que no venga de ninguno de los monopolios nacionales”, dice mi amigo que le gusta repetir a su papá.

Imagino yo que se referirá al duopolio cervecero (dejó de ser monopolio hace diez años, desde que un tronco de la misma familia viene troceándole la exclusividad a sus primos) y al cártel congregado en torno a la Asociación Nacional de Fabricantes de Alcoholes y Licores (ANFAL, colusión oligopólica creada en 1947 con el beneplácito del entonces presidente Arévalo).

Siendo así, los únicos productos locales que van quedándole disponibles son los elaborados artesanal y clandestinamente: gifiti, caldo de frutas, boj, cusha, etcétera. De lo contrario, qué se me hace que su preferencia apunta hacia las bebidas importadas.

El problema con éstas últimas es que bien pueden tratarse, asimismo, de negocios lesivos al principio de la libre competencia: tal es el caso del ron Flor de Caña en Nicaragua, y del descomunal acaparamiento de marcas cerveceras en todo el mundo a cargo del gigante AB ImBev.

Y el problema con la producción clandestina es su escaso control de calidad. Para eso, nada como realizar una compra debidamente informada –o, en su defecto, preparar uno mismo sus propios brebajes.

¡Salud!

(publicado originalmente en http://www.elperiodico.com.gt/es/20140620/lacolumna/249528/, viernes 20 de junio, 2014).

Don Rufino

EL BOBO DE LA CAJA
Andrés Zepeda
lacajaboba@gmail.com

Levanta la talanquera con la mano y al hacerlo exhibe un gesto de deleite, como sintiendo que mueve a voluntad una extensión del propio falo.

Rechoncho, embutido en su uniforme color gris con ribetes azules, mostacho de morsa, ojos vivaces, él es don Rufino, el guachimán. Trabaja turnos de doce horas en un parqueo de la zona uno. Cada tres días le toca seguir de largo hasta la jornada siguiente, y cada diez, descansa. Le pagan una mierda, pero al menos tiene chamba.

Estuvo varios meses desempleado, viviendo a tres menos cuartillo, desde que lo echaron de un edificio de apartamentos del otro lado de la ciudad, donde habita la gente de bien. En un descuido las cámaras de seguridad lo captaron, a él y a la mucama de una de las familias inquilinas, jadeando a medio fornicio en el pasillo del sótano que da a las escaleras de emergencia.

A la hora del almuerzo la muchacha del comedor de la esquina le lleva su comida y su muñeco de tortillas con fresco. Él aprovecha para lisonjearla tirándole un par de directas. Ella, púber pero no lerda, resiste los floreos en silencio, tratando de no inmutarse. Sólo la tiesura en el gesto y un leve rubor en las mejillas la delatan. Don Rufino, diablo viejo, se da cuenta en el acto. Ya llegará el momento de merendarse ese bizcocho, piensa, mientras apura las hilachas con un trago de rosa de Jamaica, relamiéndose los bigotes.

No sabe cuántos hijos tiene. Ha reconocido a cuatro. Mujeres no le faltan, pero sólo a una le da para el gasto. Posee una labia envidiable. Se jacta de ser buen amante.

Viene otro carro. Abre la talanquera y sonríe, orondo…

Mil millones de dólares para usar palabras del Mundial

La FIFA ha registrado cerca de 200 palabras relacionadas al Mundial 2014 que nadie podrá utilizar “con fines comerciales” pues de lo contrario, quien lo haga, se encontraría con un proceso judicial. Obviamente, no hay que alarmarse, esto solo es para “proteger a los patrocinadores que han pagado mil millones de dólares para tener el derecho exclusivo de usar esas expresiones.” Eso deja fuera a toda empresa que no tenga en el bolsillo esa módica cantidad para poder hacer lo mismo que hacen las que si lo tienen: negocio con el Mundial.
Esta lógica corporativa, empresarial, privada, o como quieran llamarle es la misma de aquéllos que se jactan de la igualdad de oportunidades, de las “libertades individuales”. Es decir, que si las medianas y pequeñas empresas no pagan es porque no quieren, si uno es pobre es porque quiere, porque no es emprendedor.

Lo más preocupante de todo es que la FIFA está cobrando por algo que es de todos ¡el lenguaje! ¿quién autorizó a este gigante a ejercer este tipo de violencia? ¿a explotar las palabras? Nadie, porque todos tenemos iguales oportunidades… y nos comemos esta falacia encantados de la vida mientras hacemos quinielas y seguimos comprando la cerveza del oligopolio para ver los partidos.

Lo próximo que veremos, si no actuamos al respecto, es que así como llega la factura de agua a la casa, llegará la del aire y la energía del sol.

Gol de la FIFA