La protesta y la hazaña

Escrito por Heini Villela Schneebeli

Todo inicia el sábado 25 de abril. La plaza se empieza a llenar. Mucha gente que nunca en su vida había salido a protestar, ese día llegó con una sonrisa. Cuando fui ese primer día, recuerdo haber conocido a Jorge, un vendedor de ropa que iba caminando por la sexta avenida con dos maniquís sobre la espalda para que los compradores pudiesen apreciar las prendas con mayor plenitud. Más adelante, Silvia, una niña de 11 años que vendía dulces, chicles y cigarros desde hacía tres años. Ya casi llegando a la plaza conocí a Manuela, estudiante de Farmacia de la USAC que combinaba sus estudios con diversos trabajos para poder mantenerse. Ya en el parque me encuentro a un conocido, Raúl, a quien recuerdo de la época de universidad por ser amigo de un amigo pero que desde siempre trabaja duro en la industria de ropa. Y así se fue repitiendo por semanas, luego meses. Cambiaban los rostros y los nombres, pero la protesta seguía siendo la misma. Dejando de lado a quienes iban a la plaza como vendedores, aquellos que íbamos a protestar compartíamos un mismo fin: acabar con la corrupción en Guatemala. Tomó unas semanas para que renunciara Baldetti, la Vice que con sus acciones, declaraciones y actitudes, representaba el cinismo del corrupto que mientras se llenaba los bolsillos, justificaba la limpieza de lagos con aguas mágicas que solo ella conocía. Y tomó un poco más de tiempo, pero también se logró la renuncia de Otto Pérez, el hipócrita militar que siempre se presentó como nacionalista pero que al final demostró que la única forma en que vio a la nación fue siempre como un negocio.

Simultáneamente surgió el #NoTeToca, donde Manuel Baldizón, el doctor, era visto como todo el mal del sistema encapsulado en una sola persona. Algunos pedíamos que no hubiera elecciones, porque las reglas no eran justas y que además ni siquiera se cumplían. Otros decían que sí debía haber elecciones porque esas eran las reglas de la democracia y que al no participar, solo se dejaba la decisión de quien gobierna en manos de los que venden su voto. Al final hubo elecciones y el mal, el doctor, estaba fuera. Y muchos celebraron, la plaza dejó de llenarse, dejamos de protestar y las discusiones políticas se volvieron a centrar en lo de siempre: si Sandra era peligrosa por comunista o si Jimmy era malo por militarista. Pero algo quedo repitiéndose en la televisión, en los diarios y en la radio: Guatemala había cumplido una hazaña. Y cada vez que escuchaba o leía eso, no me quedaba más que recordar a Jorge, que con apenas 26 años debe darle de comer a sus dos hijos, y que aunque no le alcance con la venta de ropa, no tiene alternativa porque es en lo único que encontró trabajo; a Silvia, que solo cursó el primer grado porque luego debió ayudar a su madre con sus ocupaciones y cuando estuvo un poco más grande le tocó la venta ambulante; a Manuela, que pasará unos años más agotada entre la combinación de sus estudios y el trabajo, y que cuando se gradúe no encontrará empleo al cual dedicarse; y por supuesto, a Raúl, que cada día debe luchar contra un mercado reprimido, compuesto por gente pobre, donde él mismo, a duras penas, logra mantener subsistiendo su negocio.

Pienso: que renuncien dos ladrones y vayan a la cárcel es lo esperado en cualquier sociedad que se respeta a sí misma. La protesta parece haber terminado, pero la hazaña, esa es la que viven cada día Jorge, Silvia, Manuela y Raúl junto a millones de guatemaltecos. Y de ellos no se habla, porque ya olvidamos que la verdadera hazaña en Guatemala es subsistir, sin importar quién seas o dónde te encuentres.

Otra perspectiva más sobre la Ley Monsanto

Escrito por Heini Villela Schneebeli

Cuando se negoció el TLC con EE. UU., una de las discusiones más fuertes en aquel entonces fue sobre el maíz. ¿A qué se debía esto? Básicamente, por un lado, estaban los productores de maíz agrupados en una organización que se llama Comisión Nacional de Granos Básicos (CONAGRAB) y, por el otro, estaban los productores avícolas, el productor porcino y la asociación de productores de huevos. Las posiciones eran muy sencillas: la CONAGRAB decía que si se negociaba la importación libre de maíz, muchos pequeños productores se irían a la quiebra. Por el lado de las empresas, se decía que en Guatemala era muy caro producir maíz (componente esencial del alimento para animales) y que no era posible competir si se debía pagar más caro localmente que importándolo. Al final, el maíz quedo libre para importarse. La decisión se basó en que la gran producción local de maíz era para alimentación propia del campesino y que realmente era poco el maíz que se producía para alimentación de animales.

Han pasado más de 9 años desde que se firmó el TLC. Ahora, nuestros honorables diputados aprobaron una ley donde se permite el registro como propiedad intelectual del ADN de las plantas, aparte de la comercialización de semillas genéticamente modificadas y por casualidad dentro de la misma ley, se aprueba un préstamo para el Ministerio de Comunicaciones. En fin, la cuestión es que esta ley se vuelve nociva contra la libertad y atenta contra la propiedad privada.

La forma en que se siembra maíz en Guatemala es que el agricultor toma una parte del maíz que cosecha y lo guarda para la siguiente siembra. Así ha sido por siglos y esto ha permitido que el país tenga el banco genético natural de maíz más rico a nivel mundial. Debemos hacer notar que para generar el grano, el maíz debe ser polinizado, y el polen que llega a la planta puede viajar varios kilómetros. Esta es una característica del polen del maíz precisamente, que la planta al liberar polen, permite que viaje por largas distancias y polinice plantas de maíz de otras personas. Ahora, nuestro Congreso, con saber qué oscuras intenciones e intereses, decide regular un proceso natural y darle carácter de propiedad privada. ¿De qué manera lo permitirá?

Cuando un agricultor en su parcela A siembre maíz transgénico, al entrar en la etapa de polinización, el polen que producirá viajará a parcelas vecinas. Supongamos que a 1 kilómetro hay otro agricultor sembrando maíz en la parcela B. Él nunca sabrá, ni tendrá conocimiento de que su maíz está siendo polinizado con el material genético del maíz de la parcela A. Cuando llegue la cosecha, como se ha hecho por siglos, guardará una parte del grano para utilizarlo como semilla y en la siguiente siembra, estará sembrando maíz con el material genético de la parcela A. Con la ley que aprobó el Congreso se permitirá que la empresa que vendió la semilla al agricultor A no solo le cobre la semilla al agricultor B, sino que además podrá demandarlo. El agricultor B, después de esto, se verá obligado a tener que comprar la semilla a esta empresa siempre que quiera sembrar, porque no podrá saber si la semilla que usa lleva material genético de dicha empresa. O sea, la lindura que el Congreso aprobó es que uno al sembrar cualquier planta en su propiedad, no solo maíz, se hace responsable por la contaminación de otra persona, que sembró fuera de la propiedad, plantas con material genético de una empresa, que uno no desea tener. Es decir que se le adjudica la responsabilidad penal a la persona que sufre la contaminación de sus plantas con material genético que no quería, mientras que se le dan todos los derechos a la empresa que vende el material que viola la propiedad privada de los agricultores que no la desean comprar.

Aparte de todo lo anterior, si ya hace 15 años se había justificado que la cantidad de maíz que Guatemala podía producir era nula en términos de competencia, ¿qué interés se tiene ahora el quitarle lo poco que le queda al agricultor?

Así es como en Guatemala se defiende la propiedad privada, pero sólo de algunos, el resto nos quedamos cada día con menos derechos.

Don Rufino

EL BOBO DE LA CAJA
Andrés Zepeda
lacajaboba@gmail.com

Levanta la talanquera con la mano y al hacerlo exhibe un gesto de deleite, como sintiendo que mueve a voluntad una extensión del propio falo.

Rechoncho, embutido en su uniforme color gris con ribetes azules, mostacho de morsa, ojos vivaces, él es don Rufino, el guachimán. Trabaja turnos de doce horas en un parqueo de la zona uno. Cada tres días le toca seguir de largo hasta la jornada siguiente, y cada diez, descansa. Le pagan una mierda, pero al menos tiene chamba.

Estuvo varios meses desempleado, viviendo a tres menos cuartillo, desde que lo echaron de un edificio de apartamentos del otro lado de la ciudad, donde habita la gente de bien. En un descuido las cámaras de seguridad lo captaron, a él y a la mucama de una de las familias inquilinas, jadeando a medio fornicio en el pasillo del sótano que da a las escaleras de emergencia.

A la hora del almuerzo la muchacha del comedor de la esquina le lleva su comida y su muñeco de tortillas con fresco. Él aprovecha para lisonjearla tirándole un par de directas. Ella, púber pero no lerda, resiste los floreos en silencio, tratando de no inmutarse. Sólo la tiesura en el gesto y un leve rubor en las mejillas la delatan. Don Rufino, diablo viejo, se da cuenta en el acto. Ya llegará el momento de merendarse ese bizcocho, piensa, mientras apura las hilachas con un trago de rosa de Jamaica, relamiéndose los bigotes.

No sabe cuántos hijos tiene. Ha reconocido a cuatro. Mujeres no le faltan, pero sólo a una le da para el gasto. Posee una labia envidiable. Se jacta de ser buen amante.

Viene otro carro. Abre la talanquera y sonríe, orondo…

La pregunta más importante

Texto: Heini Villela Schneebeli

El tiempo pasa rápido. Fue a finales de los ochentas, estaba en el colegio y nos llegó la noticia: el hermano de un compañero de clases había muerto en combate en Chimaltenango. Era miembro de la Fuerza Aérea Guatemalteca.

Hoy, un cuarto de siglo después, leo en facebook los comentarios de mi ex compañero respecto de la guerra civil: según él, no hubo genocidio. Lo conozco y puedo entender y hasta compartir su idea, porque sabe con certeza que su hermano murió defendiendo un ideal: la libertad y la grandeza de un país. El suyo. El nuestro. Aceptar que hubo genocidio sería traicionar a la memoria de su hermano.

Cinco años atrás, en 2008, conocí en el área Ixil a Felipe, un hombre mayor, líder en su pequeña comunidad. Había sido guerrillero. Una noche me explicó qué lo había motivado a incorporarse a la subversión, las condiciones de hambre, miseria y abandono en la que vivían él y su familia, la impotencia de ir creciendo con brazos, manos y cabeza para trabajar pero no conseguir oportunidades de superación aparte de capiscar café, lo cual le proveía lo mínimo apenas para no morirse de hambre ni desfallecer de cansancio.

Vio en la guerrilla la oportunidad de cambiar su realidad y la de los suyos, y en esa lucha perdió a su padre y un hermano a quienes acusaron de guerrilleros por su culpa. Para él, sí hubo genocidio.

Ambos son guatemaltecos en quienes percibo un auténtico amor por su país. No me interesa juzgarlos moralmente pero a ambos los considero buenas personas, cada uno actuando de la mejor manera que han considerado para salir adelante en sus respectivos entornos distintos, y que hoy comparten una misma realidad aunque desde posiciones opuestas.

Yo mismo tengo mi propia idea acerca de lo que aconteció en Guatemala y de si hubo o no hubo genocidio pero considero que se trata de una pregunta que nos impide ver más allá e interrogarnos sobre algo mucho más importante: ¿valió la pena?

¿Valió la pena que muriera el hermano de mi amigo? ¿Valió la pena que Felipe perdiera a dos miembros de su familia? ¿Valió la pena que entre el hermano de mi amigo y Felipe hayan 37 mil o 250 mil muertos, dependiendo de la fuente?

Observemos el país que nos queda hoy. Veamos el temor que quedó en la sociedad, la ira contenida (¿contenida?), la frustración y la auto represión. Todas ellas (entre otras), secuelas comunes de una guerra. Pero más allá de eso, se supone que ambos bandos pelearon por un mejor país: por un lado el gobierno, para proteger un marco legal que supuestamente llevaría progreso y autorrealización a todos los guatemaltecos; por otro lado la guerrilla, para instaurar un marco distinto de legalidad que supuestamente también garantizaría el desarrollo y la justicia para todo el pueblo.

Pero el tiempo pasó, la realidad nos atrapó y ni el hermano de mi amigo ni el padre de Felipe ni su hermano ni ningún guatemalteco merecía morir por la mierda de país que tenemos hoy.

Y es ese amargo saldo el que me impulsa a escribir ahora, porque no me es posible honrar la memoria de los miles de guatemaltecos que derramaron su sangre en uno u otro bando (o en medio, injustamente, como la gran mayoría) pensando que este sistema, dirigido por una élite económica mediocre y mercantilista (que en la guerra sólo defendió sus intereses monopolistas) y por una élite política corrupta y ladrona (cuyos intereses no aspiran más que a llenarse la bolsa de dinero) sea el resultado del sacrificio de tantas víctimas inútiles.

Si fue genocidio o no, es una pregunta que debe responder la justicia. Que le demos vuelta a la página de la historia es un consejo que no podemos aceptar, porque aceptarlo equivale a olvidar a aquellos que murieron. Si queremos rendir tributo a todos los guatemaltecos que murieron y regaron con su sangre este suelo sólo podremos hacerlo luchando hoy contra este sistema de mierda que nos gobierna y construir en verdad una nación del ciudadano, por el ciudadano y para el ciudadano, basado en leyes justas e iguales para todos y en la oportunidad de que cualquier hombre o mujer con capacidad de trabajar pueda utilizar sus capacidades para vivir dignamente y alcanzar su satisfacción.

Por eso murió el hermano de mi amigo, por eso luchó Felipe y por eso perdió a su padre y a su hermano. Y sólo a través de eso honraremos a todos los que murieron y podremos superar, de una vez por todas, esta división que sólo beneficia a los mezquinos que mandan en esta nación; léase: las élites económica y política que dirigen Guatemala.

Yo también hubiera matado a Cristo

vía crucis en quince estaciones

(y una reflexión final)

Texto: Heini Villela Schneebeli

PRIMERA ESTACIÓN

Israel/Palestina, siglo primero

Palestina se integra en cuatro regiones: Galilea, Samaria, Judea y Perea. El Imperio Romano ejerce pleno dominio militar y político sobre el territorio. El Procurador imperial ejerce el poder militar y tiene a su cargo la recaudación fiscal. Existe un soberano, pero solo se le asignan asuntos de poca importancia en conflictos religiosos o particulares entre judíos.

Guatemala, siglo veintiuno

Guatemala se divide en cinco regiones claramente diferenciadas: Altiplano, Costa Sur, Oriente, Norte y Centro metropolitano. Estados Unidos de América ejerce pleno domino militar y político sobre el país. El embajador de los EE.UU. determina las acciones que debe ejercer el gobierno guatemalteco que tengan relación con los intereses de su país. Existe un presidente electo que dirige el gobierno en asuntos particulares. Las políticas de Estado son dictaminadas por Norteamérica o la Unión Europea.

SEGUNDA ESTACIÓN

Israel/Palestina, siglo primero

Los Saduceos son la clase dirigente, compuesta por las familias de los sacerdotes más importantes, los acaudalados comerciantes y los terratenientes más prósperos del campo. Son una clase aparte, escasos en número y fuertemente organizados. Tienen una poderosa influencia en la política y la justicia. Los romanos les han cedido el monopolio del cobro de impuestos. Son fundamentalistas y se ciñen estrictamente a la Ley de Moisés. Los sacerdotes, únicos autorizados para interpretar la Ley, no quieren que los fariseos laicos puedan hacerlo. En política favorecen un nacional-judaísmo y procuran llevarse bien con los romanos. Se les señala de practicar un divorcio entre fe y vida: detrás de su discurso religioso conservador mostraban una licenciosa relajación de costumbres.

Guatemala, siglo veintiuno

Las grandes corporaciones imperan en el país, cuya clase dirigente está compuesta por sectores conservadores: las familias descendientes de los conquistadores españoles, algunos inmigrantes propietarios de grandes fincas y cierta industria. Son una clase aparte (tal vez el uno por ciento de la población), pero fuertemente organizada. Sus actividades se caracterizan por ser monopolios u oligopolios protegidos por aranceles y cerrados a la competencia. Exigen certeza jurídica para sus actividades, y la definición de las normas constitucionales solo puede ser desde el punto de vista de sus abogados, buena parte de los cuales son asimismo Magistrados de la Corte de Constitucionalidad. Se dicen nacionalistas pero guardan relaciones cordiales y sumisas con los EE.UU. Se les señala de no aplicar para sí mismos los principios económicos que aseguran defender y que pretenden imponerle a los demás. Mientras hablan de libre mercado, no pierden oportunidad para realizar negocios al amparo del proteccionismo del Estado, pero eso sí: cuando son otros los que reclaman protección de ese Estado, los condenan como vividores y mantenidos.

TERCERA ESTACIÓN

Israel/Palestina, siglo primero

Los fariseos son pequeños artesanos y comerciantes, además de campesinos. Aunque proceden del pueblo, prefieren que no se les confunda con éste. Son legalistas: ellos mismos han creado muchas leyes, difíciles de aprender y de cumplir. También son ritualistas: se preocupan mucho por los actos de culto y oración. Creen que cumpliendo con la ley y la oración hacen méritos suficientes para que Dios deba corresponder a esa supuesta fidelidad. “Atan bultos pesados y los cargan en las espaldas de los demás, mientras ellos no quieren empujarlos ni con un dedo” (Mateo 23, 4).

Guatemala, siglo veintiuno

La clase política está integrada por profesionales, comerciantes, agricultores, etcétera; gente toda que procede del pueblo pero que cree estar por encima de él. Son muy legalistas: cuando tienen representación en el Congreso solo promueven leyes, en su mayoría difíciles de aplicar porque no hay voluntad ni recursos para cumplirlas. También son ceremoniosos: les encanta el protocolo, entonar el himno nacional y que cuando se haga referencia a ellos sea en términos de títulos, ya sea profesionales o basados en el cargo que ocupan. Creen que el pueblo les tiene una gran deuda por el sacrificio y esfuerzo que hacen, pero exigen de él, por medio de impuestos o trámites, lo que ellos no están dispuestos a dar en transparencia y eficiencia.

CUARTA ESTACIÓN

Israel/Palestina, siglo primero

Los Escribas son los especialistas de la ley y los que imparten la justicia. En un principio fueron un grupo laico; aunque, dada las implicaciones de su trabajo, muchos de ellos son fariseos o saduceos. Con el tiempo llegan a predominar los escribas fariseos. Su saber los coloca en los puestos más importantes de la enseñanza, la administración y la justicia. Son los jueces y supervisores de la marcha de la vida diaria: tienen poder en lo judicial y en lo ejecutivo. El partido fariseo del Sanedrín estaba compuesto íntegramente por escribas y cada vez tenían más poder, entre otras cosas, porque el Sanedrín era la única corte de justicia o tribunal supremo para todos los judíos.

Guatemala, siglo veintiuno

Los abogados, jueces y magistrados son los especialistas del sistema constitucional. En un principio provenían de diversas clases sociales, pero con el tiempo provienen cada vez más de la clase política tradicional o pertenecen a las grandes corporaciones. Tienen mucho poder, ya que dictaminan la justicia y definen los procesos del Ejecutivo. Dominan el aparato judicial y rigen con legalismos el aparato legislativo –y, por ende, también el ejecutivo.

QUINTA ESTACIÓN

Israel/Palestina, siglo primero

Aparte de los saduceos, los fariseos y los escribas, la población de Israel estaba integrada por la clase pobre, con la excepción de algunos artesanos y comerciantes que, sin ser ricos, superaban parcialmente la pobreza. Ellos eran guiados por sus élites y no tenían participación alguna en la toma de decisiones. A veces provocaban revueltas, pero nada que pusiera en riesgo el status quo.

Guatemala, siglo veintiuno

Aparte de las grandes corporaciones, la clase política y los abogados, jueces y magistrados, la población guatemalteca está integrada por una reducida clase media y un amplio estrato popular empobrecido. Todos ellos son guiados por sus élites y no tienen mayor participación en la toma de decisiones. A veces manifiestan o protestan (a veces como campesinos, a veces como camisas blancas, entre otros ejemplos), pero nada de ello pone en riesgo el status quo del sistema.

SEXTA ESTACIÓN

Belén, año cero

Nace, en un pesebre y entre mulas y bueyes, un niño llamado Jesús. Su padre (o quien dice serlo) es un carpintero y su madre se encarga de las tardea del hogar. Al poco tiempo de nacer la familia debe mudarse a Egipto, ya que existe una persecución en contra de todo niño menor de dos años.

San Martín Jilotepeque, año 1979

Nace, en una covacha de lámina y cartón y rodeado de cerdos y gallinas, un niño llamado Pancracio. Su padre (o quien dice serlo) es comerciante mientras su madre cuida de la familia. Dos años después de nacer, se ven obligados a trasladarse a la cabecera de Chimaltenango, ya que la guerra civil está cobrándose demasiadas víctimas en el pueblo.

SÉPTIMA ESTACIÓN

Nazaret, año 30

Jesús es ya todo un hombre. De piel morena, cabellos oscuro y complexión delgada, se dedica –como su padre– a la carpintería. Es delgado porque pertenece a una clase pobre en la que la comida no es abundante. Su dieta es a base de pan y pescado. No obstante, las imágenes que de él se pintan posteriormente lo presentan con rasgos europeos, pero esto se debe a que los pintores son europeos que, al carecer de imágenes de Jesús, usan un modelo físico también europeo. Un día encuentra a su primo Juan, a quien la gente considera un profeta. Éste lo reconoce y lo bautiza. Juan le dice a dos de sus seguidores que acompañen a Jesús.

Escuintla, año 2009

Pancracio es ya todo un hombre. De piel morena, cabello negro y complexión rolliza, se dedica –como su padre– al comercio y tiene a su cargo una pequeña abarrotería. Es gordo porque pertenece a una clase pobre en la que la comida es alta en calorías y baja en nutrientes (sopas instantáneas, Tor-trix, aguas gaseosas, etcétera). Las fotografías que le han tomado lo muestran con fuertes rasgos indígenas. Un día encuentra a su primo Elías, quien es sacerdote. Éste lo reconoce y lo bautiza. Elías le dice a dos catequistas que acompañen a Pancracio.

OCTAVA ESTACIÓN

Galilea, del año 30 al 33

Jesús empieza a comunicar su mensaje. Se rodea por doce apóstoles, entre quienes hay pescadores, un recaudador de impuestos y quizás algún artesano, pero en general personas muy sencillas. Transmite un mensaje nuevo que viene a superar el pacto realizado con Dios y regido por los diez mandamientos de la tradición judía, sustituyéndolo por un nuevo mandamiento: “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Enseña a perdonar, pero también a pedir perdón. Enseña tolerancia y a aceptar a todos por lo que son y no por lo que aparentan. Habla de justicia para aquellos sedientos de ella. Se refiere a los pobres como aquellos olvidados por los hombres pero recordados por Dios. Cuenta de la importancia de ayudar sin esperar nada a cambio, del respeto, de no menospreciar la inocencia, de actuar más y de hablar menos. Predica la necesidad de renunciar a los bienes terrenales para ganar el Cielo, de buscar y conocer la verdad para ser libres. Pide que el ser humano sea verbo, sea acción, y esa acción es la de transformar los valores sociales, eliminando la hipocresía que hay en ellos. Quiere que el hombre cambie para hacer de sí mismo y de su conducta el verdadero templo de Dios.

Costa Sur, del año 2009 al 2012

Pancracio empieza a comunicar su mensaje. Se rodea de doce compañeros, entre quienes hay varios campesinos, un maestro de primaria, un plomero, un electricista, dos vendedores ambulantes y un médico infieri. Transmite un mensaje nuevo, que habla del perdón y del arrepentimiento. Enseña a ser tolerantes con aquellos que son diferentes, indica que todos los hombres fueron creados iguales y que el racismo es una fuerte ofensa a Dios. Dice que el agredir a otros es malo, pero que los agredidos deben perdonar. Habla de enfrentar la violencia con justicia y no con venganza. A las víctimas de la delincuencia les pide resignación en la adversidad pero luchar por los mecanismos legítimos de justicia sin engendrar más violencia. Se queja de las diferentes iglesias, que en vez de competir por el edificio más grande, deberían llevar la paz al espíritu de los hombres y mujeres. Habla de la solidaridad, y más aún, habla de que seamos iguales ante la ley, pero también de producir sin ventajas para nadie. Predica un respeto por el sistema, pero no siendo pasivos preservándolo, sino invitándonos a transformarlo. Pide acabar con los privilegios para que todos sean sujetos económicos, capaces de producir y consumir en igualdad de condiciones. Educa y enseña la realidad que vive la gente y habla de lo que podría lograrse. Que Guatemala puede ser un mejor país, pero para ello se deben transformar las élites. No hace juicios morales de ellas, pero tampoco acepta su comportamiento monopólico. No cree en la teoría del derrame sino que aboga por que todos puedan producir y consumir, independientemente de qué tan ricas sean las élites. Quiere que se construya un país mejor como homenaje a Dios.

NOVENA ESTACIÓN

Jerusalén, año 30 al 33

Los saduceos escuchan de Jesús y de su mensaje. Sienten miedo. No entienden que el mensaje de Jesús es de paz, de amor y perdón. Ellos sólo lo ven como una amenaza que pone en riesgo su poder. Si la gente sigue escuchando a Jesús y entra en razón, piensan, su estilo de vida estará en peligro no sólo porque no podrán mantener el control político, sino además porque quedaría expuesta su doble moral. Lo acusan entonces de blasfemo, de engañar a la gente y de no cumplir las leyes de Dios.

Ciudad de Guatemala, año 30 al 33

Las grandes corporaciones escuchan de Pancracio y su mensaje. Sienten miedo. No entienden que el mensaje de Pancracio es de paz, de perdón y de futuro. Ellos sólo lo ven como una amenaza que pone en riesgo el status quo. Si la gente sigue escuchando a Pancracio y entra en razón, piensan, su estilo de vida estará en peligro no sólo porque no podrán mantener la política bajo su control, sino además porque creen que perderán sus fortunas al acabar con los privilegios que tienen. Lo acusan entonces de estar en contra del progreso y de ser un cangrejo por impedir que otros salgan de la olla en la que han convertido el país.

DÉCIMA ESTACIÓN

Galilea/Judea, año 32 y 33

Los fariseos acusan a Jesús de no honrar ni obedecer a Dios al relacionarse con gente que no es digna. Lo acusan de pecador por juntarse con pecadores. No comprenden la posibilidad de que el pecador pueda redimirse porque ellos mismos son incapaces de hacerlo. Tampoco comprenden el perdón porque son incapaces de perdonar, y por ello lo acusan de blasfemar contra Dios. Temen perder su poder porque la gente, al recibir el mensaje de Jesús según el cual todos son iguales ante Dios, comprendería que nadie debería gozar de más privilegios que el resto.

Costa Sur/Ciudad de Guatemala, año 2011 y 2012

La clase política le teme a Pancracio. Quisieron negociar con él para que callara a cambio de comisiones en obras. Pancracio rechazó las ofertas. Entonces empiezan a descalificarlo. Dicen que es un oportunista que viene a acabar con la calma y la paz de los guatemaltecos. Lo acusan de terrorista por decir: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. Dicen que al predicar esas ideas sólo está logrando la división de los guatemaltecos. Publican en los diarios que Pancracio tiene intereses personales y que de seguro es financiado por la comunidad internacional. Que al hablar de perdón sólo está queriendo proteger a los delincuentes y que nunca se refiere a las víctimas. Temen perder su poder porque Pancracio bien puede organizar debidamente a la gente para que ya no se crea las mentiras de las campañas y, en cambio, empiece a plantear demandas concretas y puntuales en vez de sólo conformarse con cancioncitas.

UNDÉCIMA ESTACIÓN

Galilea/Judea, año 32 y 33

Los escribanos le temen a Jesús porque viene con un nuevo orden y en ese nuevo orden no hay espacios para interpretaciones antojadizas. La nueva ley de Jesús es simple: “Amar al prójimo como a uno mismo”. ¿Quién necesita de intérpretes para entenderlo? Al no requerirse gente que sepa interpretar la ley, ya no es necesario ocupar puestos importantes y, por lo tanto, los escribanos perderían su poder. Entonces acusan a Jesús de estar con el Demonio para obstruir el cumplimiento de las leyes de Dios que sólo ellos pueden interpretar.

Costa Sur/Ciudad de Guatemala, año 2011 y 2012

Los magistrados, jueces y abogados le temen a Pancracio porque él asegura que la justicia no funciona. Piensan que si la gente se cree eso, buscarán sustituirlos y así perderían su poder y sus ingresos. Pancracio habla de saciar la sed y el hambre de justicia exigiendo el cumplimiento de los magistrados y jueces, pero si tal cosa ocurre, éstos perderían los ingresos que algunos interesados les ofrecen a cambio manipular los casos. Pancracio dice también que las leyes, empezando por la Constitución, sólo favorece a unos pocos y oprime a la mayoría. Eso les da pie para acusar a pancracio de insurrecto y complotista.

DUODÉCIMA ESTACIÓN

Jerusalén, año 33

Jesús decide ir al templo y entra a Jerusalén montando un burro. La gente lo recibe con alegría porque ya había escuchado hablar de él. Ahí es testigo de la farsa con que actúan los saduceos, los fariseos y los escribanos. Montando en cólera, arremete contra los mercaderes que usan el templo como plaza de mercado sin ningún tipo de respeto.

Ciudad de Guatemala, año 2012

Pancracio decide ir a Ciudad de Guatemala y llega a bordo de un tuk-tuk. La gente que vive en Bárcenas y cerca de la cuesta de Villalobos sale a recibirlo porque ya había escuchado hablar de él. Ya en la ciudad es testigo de los abusos del sistema. Ve que no hay servicios en los hospitales, mientras siguen dándose las licitaciones de medicinas con sobreprecios. Observa que no hay seguridad para la gente, pese a que sí hay guardaespaldas y vehículos nuevos para los funcionarios. Verifica los altos precios de los alimentos, electricidad, combustibles, etcétera; y a la vez se da cuenta de los aranceles, la protección al tipo de cambio y la preservación de los monopolios que explican el problema. Montando en cólera, grita en los medios de comunicación todos estos abusos que impiden que las clases más pobres se incorporen a la economía de producción y de consumo, y que las clases medias puedan mejorar sus condiciones de vida a través de oportunidades concretas.

DECIMOTERCERA ESTACIÓN

Jerusalén, año 33

Los saduceos, los fariseos y los escribas se asustan aún más con la presencia de Jesús en Jerusalén. Su temor los lleva a tomar la decisión de acabar, de una vez por todas, con la amenaza que representa. Inician una campaña de desinformación, acusándolo de blasfemo, compañero del Demonio y falso Mesías. Esparcen el rumor entre la gente. Los saduceos y los fariseos manipulan la opinión del Sanedrín y provocan la orden de capturar a Jesús. Los escribas se encargan de manipular la ley para que la acusación tenga sustento legal y puedan proceder a condenarlo.

Ciudad de Guatemala, año 2012

Las grandes corporaciones, la clase política y los abogados, jueces y magistrados se asustan con la presencia de Pancracio en la capital. Su temor los lleva a tomar la decisión de acabar, de una vez por todas, con la amenaza que representa. Inician una campaña de desinformación, acusándolo de terrorista, insurrecto y complotista por cuestionar el sistema; pero además de eso, lo señalan de protector de los delincuentes con sus ideas de perdonar y buscar justicia a través de la ley. Dicen de él que es enemigo de la democracia, de la producción y que responde a intereses de organizaciones internacionales o grupos anárquicos contrarios al desarrollo. Las grandes corporaciones y la clase política manipulan los medios con dichas acusaciones y el aparato legal se adapta para procesar de forma inmediata a Pancracio y proceder a condenarlo.

DECIMOCUARTA ESTACIÓN

Jerusalén, año 33

El pueblo escucha de sus líderes las acusaciones contra Jesús. Lo acusan los que conocen y saben de la ley, entonces ven en Jesús una amenaza para ellos mismos. Un hombre que se ha atrevido a blasfemar contra Dios. Un hombre que ha hecho pacto con el Demonio para engañar con milagros. Un hombre que se hace llamar Dios. Un enemigo. No puede ser posible que el sea el Mesías esperado porque no es un hombre con fortuna ni el general de un gran ejército. Por el contrario, es un simple carpintero de clase pobre con un mensaje que no sirve para liberarse del yugo romano.

Ciudad de Guatemala, año 2012

El pueblo lee, escucha y mira en los diferentes medios de comunicación las acusaciones contra Pancracio. Lo acusan de favorecer a los delincuentes, de ser terrorista, de querer destruir la democracia, de estar en contra de la caridad y de los pobres. De ser un enemigo. No es posible que un tendero de San Martín Jilotepeque pueda ser un líder que ofrezca resistencia al sistema. Esperan a alguien mas fotogénico, de tez blanca, que vista ropa fina, tenga buenos vehículos y que posea mucha fortuna. A alguien así sí valdría la pena escuchar, pero no a Pancracio. Ese tipo hasta parece miembro de una clica de mareros. De seguro lo es, él y sus doce compañeros son una clica de mareros que extorsionan a la población.

DECIMOQUINTA ESTACIÓN

Jerusalén, año 33

Presentan a Jesús junto a Barrabás frente al pueblo. Jesús es acusado de blasfemo y Barrabas de asesino de romanos. La gente tiene la potestad de liberar a uno de los dos. Barrabás, por su delito, se gana el favor del pueblo, quien ve en él a un libertador o, al menos, a alguien que lucha contra el invasor. Jesús, por el contrario, es visto como un ilusionista. Un enemigo muy peligroso para el pueblo de Israel. La gran mayoría, entonces, clama a favor de Barrabás. Nadie defiende a Jesús. Y así, es entregado como cordero al que pronto van a desollar.

Guatemala, año 2012

Presentan a Pancracio junto a Erwin frente al pueblo. Pancracio es acusado de blasfemo, Erwin de asesino de mareros. Tenemos la posibilidad de dejar en libertad a uno de los dos. Erwin, con su delito, se gana el favor de la gente, que ve en él a un justiciero, o al menos a alguien que trae un poco de paz en medio de tanta violencia. Pancracio, en cambio, es visto como un ilusionista. Un enemigo peligroso para el pueblo guatemalteco. Ante ello, como pueblo lo pensamos y gritamos sin dudar: “¡Erwin!, ¡Erwin!, ¡Erwin!”. Nadie defiende a Pancracio. Y así, es entregado como cordero al que pronto van a desollar.

* * *

Ahora que pienso esta realidad, comprendo que el tiempo pasó pero la historia no ha cambiado. Si yo pudiese retroceder en el tiempo y estar en el año 33 de nuestra era, seguramente hubiese sido uno de aquellos que condenaron a Jesús. Hubiera pedido su crucifixión, porque así pediría también el castigo para Pancracio.

Por eso, si no cambio mi forma de entender mi realidad y la realidad de mi país, he de aceptar con franqueza que… yo también hubiera matado a Cristo.

Ve, qué de a huevo Arjona

  Texto: Andrés Zepeda (el bobo de la caja)

  Quienes ya no somos tan jóvenes recordamos cómo, en un recital que a mitad de los ochentas ofreció Alux Nahual en el Colegio Alemán, el telonero –nada menos que Ricardo Arjona– fue bajado del escenario a centavazo limpio por aquella concurrencia tan febril como excluyente.

No me extraña, entonces, que poco después haya decidido largarse en busca de una fortuna que no pudo hallar aquí; expulsado, como millones de otros compatriotas, por la falta de oportunidades que le impedían cosechar ese merecido reconocimiento del que ahora goza. Lo que sí me extrañó fue su respuesta publicada el domingo pasado en Prensa Libre: no sé si sentirme aludido en ella; de hecho, ni siquiera estoy seguro de si sea dable hablar de prensa verdaderamente libre en nuestro país.

Como sea, me late que a nuestro máximo orgullo nacional sus familiares (o sus orejas) lo han informado pésimamente acerca de lo que ha venido ocurriendo en Guatemala desde que –sensato que es– optó por hacer maletas e irse de casa.

Llevo casi diez años de no ocuparme de él ni de su música en los desplegados a los que hace referencia, pero en cambio sí me he pronunciado (hace poco y varias veces) en programas de radio aludiendo a las campañas que, como su aparentemente cándida Guatemorfosis, pretenden realizar un bombástico operativo: hacer que la responsabilidad de nuestros problemas se traslade (‘como quien no quiere la cosa’, en clave irresistiblemente optimista, con sabor azucarado y a ritmo de música pop) desde quienes los han ocasionado hacia quienes los padecemos. Ve, qué de a huevo.

De entre una ocurrente colección de imprecisiones, hay en su misiva un señalamiento que considero particularmente grave: ligar nuestra crítica “a los métodos viejos que a ningún lado nos llevaron en el trayecto de nuestra historia”. Mucho cuidado. Hasta donde yo sé, ninguno aquí ha abandonado aún esa trinchera “al regazo de una computadora” (que no siempre es tan cómoda como él supone) para empuñar de nuevo los fusiles. Que quede claro, por favor.

Por lo demás, lo que sí hacemos, cada uno a partir de sus propias limitaciones y lidiando con sus personales filias y fobias, es expresarnos con palabras como también lo hace él.

A propósito, me pregunto: ¿Quién será más resentido? ¿El que insulta de ida? ¿O el que escupe de vuelta tildando a sus agresores de zopilotes voraces, carroñeros, viperinos, arrogantes, panfletarios, malintencionados, inmovilistas y tibios? Fuiste tú, Ricardo.

Y ya que nos pide ideas, aquí le van algunas que al vuelo se me van ocurriendo:

Uno. Ante todo, tomar partido a favor de la libre circulación de esas ideas de las que tanto nos gusta hacer alarde a la hora de señalar cómo otros (siempre son otros) critican, pero (eso dicen) ‘no proponen’. Y ojo, porque asumir un compromiso en pro de la libertad de expresión pasa necesariamente por denunciar cualquier acto de censura; por ejemplo, el protagonizado por Radio Nuevo Mundo el pasado 24 de febrero por presiones de la Pepsi (o de su agencia) y en contra del Grupo Intergeneracional.

¿Así se transforma Guatemala? ¿Es eso ‘no fallarle a mí país’? Ojalá no llegue, él también, a verse algún día silenciado por el oscuro velo de la censura.

Dos. No confundir los ataques que algunos vertieron sobre su persona con las críticas que otros hicimos en referencia a la Pepsimorfosis e iniciativas simi- lares, acaso bienintencionadas pero asimismo engañosas por insuficientes, por conformistas, por resignadas y por reaccionarias.

Tres. Hacer honor a su reciente investidura de artista independiente y deslindarse, en nombre de la dignidad propia y por respeto a sus seguidores, de marcas que –como la Pepsi en nuestro país– operan bajo el régimen de maquilas para eludir obligaciones tributarias y establecen contratos de exclusividad con sus clientes, socavando con ello la libre competencia a través de procedimientos monopolistas.

  Cuatro. Entender que, si de contar “las virtudes de Guatemala en el extranjero” se trata, la tentativa necesita ir más allá de mostrar sus bucólicos paisajes. En cambio, habría que empezar por dotar a las comunidades ubicadas en tan bellos rincones de los servicios necesarios para atender el flujo de turistas atraídos por el video musical del momento, a fin de evitar que más pronto que tarde huyan despavoridos a causa de nuestros alarmantes índices de escasez, insalubridad y barbarie.

Cinco. Combatir la desnutrición infantil, la migración de indocumentados, la violencia y el abandono familiar, la economía informal, el crimen organizado, la conflictividad social y, en suma, la obscena brecha entre opulencia y miseria. ¿Cómo? Yendo a la raíz de los problemas en lugar de exhortarnos, cancerígena Pepsi en mano y encaramado en su Jeep color naranja, a “cambios personales como principio de contagio”.

¿Cuál es la raíz de los problemas? Un sistema económico que favorece a los mismos pocos de siempre en detrimento de las grandes mayorías. Una élite empresarial (de la que él es socio y, por lo tanto, cómplice) atrasada, ignorante, mercantilista, haragana y tacaña. Un Estado inepto y corrupto.

¿Qué hacer para extirpar esa raíz? Fácil de decir, difícil de lograr: mayor participación ciudadana, mejor organización de la sociedad y compromisos –tanto individuales como sectoriales– que vayan más allá de la adscripción a modas y el consumo de marcas.

Ahí se la dejo.