Símbolos patrios

imageEscrito por Heini Villela Schneebeli

En Guatemala siempre ocurren cosas curiosas. Por ejemplo el cuestionamiento de Rodrigo Arenas, dirigente del MCN, al diputado Amílcar Pop por no cantar el himno nacional. Curioso, digo, porque quizás lo más notable del día era el retraso de cerca de cuatro horas de la ceremonia de Cambio del Mando Presidencial. No importa hacer esperar al pueblo en general (si es que estaba interesado en dicho evento), no importa tampoco la falta de seriedad hacia los invitados, tampoco importa que el retraso se debía a negociaciones para elegir la Junta Directiva del Congreso (de acuerdo a medios, estas negociaciones incluían ofrecimientos de puestos y dinero, bien fiel a la tradición de nuestros corruptos partidos políticos); lo notable para Rodrigo Arenas es que el Diputado Pop no cantó el himno.

Esta situación hizo cuestionarme si nuestros símbolos patrios realmente nos representan. La respuesta que he encontrado, es que quizás hay solo dos cosas que podríamos decir que representan a la gran mayoría de guatemaltecos: las varillas de hierro que sobresalen de los techos de concreto y la bolsa plástica negra. ¿Por qué? Bueno, primero están en todos lados. Si uno va a un pueblo, o a cualquier barrio de cualquier ciudad y levanta la vista, seguro encuentra ambos. Las varillas de hierro, representando la fe y esperanza de un pueblo por un futuro mejor que nunca llega. Algún día se agrandará la casa, aunque la única posibilidad de que ello ocurra es la partida de algún miembro de la familia hacia Estados Unidos, esto es, habrá otro piso, y el sueño se cumplirá, pero con el precio de la ausencia de alguien. Con la bolsa plástica, la situación se vuelve más simple aún, porque, o las encuentra uno volando por cualquier brisa que las eleva al cielo, o basta con bajar la vista para encontrarlas tiradas en el suelo. Recuerdo que cuando era niño e iba a la tienda, yo debía llevar la bolsa. Pero luego se popularizó la bolsa negra. Y al final entendí que para cualquier persona, por muy pobre que sea, el salir de una tienda con una bolsa en la mano, aunque lo único que lleve dentro sea un jabón de bola y dos chicles, da la sensación de poder de compra. No es lo mismo llevar el jabón de bola en la mano a llevarlo dentro de la bolsa negra. Uno siente que aunque sea pobre algo puede comprar, y que además ese algo requiere de bolsa porque vale. Viene a ser algo así como un Santa Claus de centro comercial que a lado del sillón en el que se sienta para las fotos tiene el saco con los regalos. Sabemos que los regalos son cajas vacías, pero verlo lleno ilusiona a los niños… ¿Qué sería de los niños si lo único que hubiera a lado fuese una pequeña caja?

Y así, a partir de ahora, no tomaré al quetzal, que nunca he visto además, como símbolo, cuando la verdadera libertad de consumo en nuestro país la representa más plenamente la bolsita negra de plástico. Tampoco me preocuparé de que si alguien canta o no el himno nacional, cuando a la verdadera fe en este país la representan esos miles de techos fundidos con varillas saliendo para construir un segundo piso que probablemente nunca verán.

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